CULTURA: A 196 años de la Batalla de Pichincha, Sucre y la libertad de Ecuador

“Hace 196 años Ecuador se liberó del mando español gracias al Ejército independentista que, al mando de Antonio José de Sucre, llevó a cabo el sueño de Bolívar”. 

El sueño de Simón Bolívar de libertar a América tuvo uno de sus más grandes logros el 24 de mayo de 1822 con la Batalla de Pichincha, cuando el Ejército patriota, al mando del venezolano Antonio José de Sucre, dio la libertad a Ecuador.

La liberación de Quito le abrió al Ejército Libertador las puertas hacia el Perú, lo que haría posible su posterior independencia española y un logro más de la gesta emancipadora.

La Batalla de Pichincha ocurrida el 24 de Mayo de 1822, selló la libertad de Ecuador entre las tropas realistas del Gral. Melchor Aymerich y las fuerzas patriotas conducidas por el Gral. Antonio José de Sucre.

Relato de una batalla

Tras el fracaso de las conversaciones de paz por parte de los sublevados con el gobierno español, el mariscal Sucre viajó desde la Venezuela para ayudar a los independentistas contra los realistas. Un año después de vencer en la batalla de Yahuachí (1821), el Ejército Libertador llegó a Pichincha.

Atrás quedaban la Revolución del 9 de Octubre de 1820, y todas las luchas y los sacrificios que durante diez y ocho meses los guayaquileños -ennoblecidos por la sangre derramada en los campos de Camino Real, Tanizagua, Cone, Huachi y Riobamba- habían librado y sufrido por la libertad de Quito.

Al amanecer del 24 de mayo, en las faldas del Pichincha y teniendo como premio la libertad, la ciudad y el pueblo de Quito fueron emocionados testigos del momento más gloriosos de su historia.

A las nueve y media de la mañana se iniciaron los primeros disparos. “Desde el comienzo del combate, el Yaguachi y su comandante el Coronel Antonio Morales, en denodada lucha, agotaron los cartuchos y los reemplazaron con la bayoneta. Tremolaba el azul y blanco de la bandera conducida por el joven teniente Abdón Calderón. Estas unidades sostuvieron lo más recio del combate hasta la llegada de Mires con el resto de la infantería” (Dr. M. A. Peña Astudillo.- 200 Años y una Vida, p. 220).

La batalla fue, sangrienta y feroz, pues las fuerzas realistas estaban conscientes de que su derrota significaría el fin del dominio español en esta parte del continente. Al ver que los enemigos no retrocederían, el general Sucre tomó una decisión insólita y determinante: Ordenó a su batallón atravesar la ciudad de sur a norte, en horas de la noche, escalando el volcán Pichincha a 4.600 metros de altura.

A las nueve de la noche comenzó el ascenso y a las ocho de la mañana el Ejército logró llegar a la cima del volcán. Abajo: el pueblo Quito y sus 60.000 pobladores, quienes serían liberados en las próximas horas.

Sucre -aprovechando las condiciones ventajosas que le ofrecía el terreno donde se combatía- organizó sus fuerzas para que arribaran en oleadas sucesivamente. Cuando los Cazadores de Paya y el Batallón Trujillo, conducidos por su jefe Santa Cruz, luego de valerosa acción agotaron sus municiones, fueron relevados por otros dos batallones que a las órdenes del general Mires y del coronel Morales hicieron retroceder a los realistas hasta que también acabaron con sus municiones.

Volvieron entonces a la carga el “Paya” y el “Albión”, reforzados ésta vez por el coronel Córdova que venía a la cabeza de dos compañías del “Magdalena”. En el fragor de la lucha, los hombres del batallón Yaguachi demostraron una bravura que rayó en el heroísmo y que obligó a los españoles a emprender la retirada. Finalmente, el comandante Cestaris acabó con la caballería realista, comandada por el Crnel. Tolrá y conformada por 400 valerosos y buenos jinetes.

A al caer la tarde, viendo que ya los españoles no podían continuar luchando, Sucre se acercó a la ciudad y por medio de O’Leary intimó a la rendición de Aymerich, quien comprendiendo que ya no podría resistir el empuje de los patriotas, aceptó la honrosa capitulación que Sucre le ofreció, la que fue convenida y ratificada al día siguiente, estipulándose en ella la entrega de la ciudad y del fuerte del Panecillo, con todo lo demás que existía en el territorio de Quito, incluyendo el de Pasto, gracias a lo cual Bolívar pudo consolidar la independencia de Colombia.

Las tropas debían rendir las armas con los honores de la guerra, conservando los jefes y oficiales sus espadas, caballos y equipajes.

Héroe de esta jornada fue el Tnte. Abdón Calderón, del batallón Yaguachi -integrado casi en su totalidad por soldados guayaquileños, y al que Sucre cambió su nombre por Vargas, posiblemente con la intensión de borrar la presencia guayaquileña en las luchas por la independencia-, quien a pesar de haber sufrido varias heridas no abandonó el campo de batalla, y manteniendo en alto la gloriosa bandera de celeste y blanco permaneció en él hasta que los españoles fueron derrotados.

Ese día, cauteloso -porque no sabía cual iba a ser la reacción de los quiteños-, Sucre prefirió no entrar en la ciudad, y esperó hasta el día siguiente para, después de que fue firmada la capitulación, ocuparla victoriosamente.

En el Parte de la Batalla del Pichincha, el Gral. Sucre dice: “Los resultados de la jornada de Pichincha han sido la ocupación de la ciudad y sus fuertes el 25 por la tarde, la posesión y tranquilidad de todo el departamento y la toma de 1.100 prisioneros de tropa, 160 oficiales, 14 piezas de artillería, 1.700 fusiles, fornituras, cornetas, banderas, cajas de guerra y cuantos elementos de guerra poseía el ejército español”.

El enfrentamiento armado se dio entre las tropas independentistas de Sucre y las del jefe realista, José Aymerich, venciendo y completando la independencia que constituía la República de la Gran Colombia.

¿Por qué es tan importante para la guerra independentista?

La gran batalla de Pichincha no solo marca el día de la independencia del Ecuador, sino que también abrió aún más las puertas del sueño de Bolívar y sus guerreros.

 
“Cuatrocientos cadáveres enemigos y doscientos nuestros han regado el campo de batalla… además tenemos 190 heridos de los españoles y 140 de los nuestros… Los cuerpos de todos han cumplido su deber: jefes y oficiales y tropas se disputaban la gloria del triunfo. En tanto, hago una particular memoria de la conducta del teniente ecuatoriano Abdón Calderón, que habiendo recibido sucesivamente cuatro heridas, no quiso retirarse del combate. Probablemente morirá, pero el Gobierno de la República sabrá recompensar a su familia los servicios de este oficial heroico”.
 
Antonio José de Sucre, 1922