Proyecto Camelot: “El primer paso de EE.UU., políticos, militares, empresarios y religiosos para dar el Golpe de Estado”

En párrafos durante la historia se ha insistido en que distintos actores en la primavera de 1970, por el lado de la derecha, las FF-AA y el mismo gobierno norteamericano al parecer, buscaron inspiración y orientación en los resultados de las investigaciones sociológicas que el Pentágono había realizado a finales de la década de los cincuenta y principio de los sesenta. Acá se intenta conectar la estrategia puesta en práctica para implementar el golpe, con los estudios y conclusiones mencionados. Con la ayuda de tales resultados y conclusiones, el grupito de civiles, militares, religiosos, empresarios, profesionales, diplomáticos y aprendices de brujos, que en Chile históricamente han estado estrechamente ligados a intereses económicos extranjeros y principalmente a las empresas y gobiernos norteamericanos.

Así, mientras unos, con una mano preparaban la pulverización, con la otra, adiestraban a los gatos para que estos sacaran las castañas, ocultando la mano de EE.UU. Otros, instalados en el Alto Mando de las FF-AA, con un ojo le hacían guiños de aprobación a Allende y le daban “tiempo al tiempo” y con el otro ojo hacían méritos a su calidad de vigilantes, y observaban que la famosa Constitución no fuera violada. Los nacionales por su lado armaban su “propio mono” y se proponían dar forma a un movimiento para defender la libertad, la constitución y la nacionalidad que según ellos, muy pronto serían arrasadas a la primera, violada la segunda y traicionada la última. Con ésas transgresiones, que ellos gustosamente se encargarían de estimular y publicitar se abriría el camino para posibilitar la única solución que se afanaban propiciar y no ejecutar. Diferenciación esta última, especialmente importante y fundamental.

Conviene repetirlo y dejarlo una vez más establecido; junto y a la espera de otros aportes, por ahora se intentará, observar en detalle a lo menos la fuente de aquellas investigaciones sociológicas en la búsqueda de aportar pruebas al llamado Plan Camelot.

 

I.- Los Militares y el Pentágono amplían el abanico de su arsenal, incorporando a la sociología, como arma.

Durante el año 1965 en Santiago fue destapado un escándalo conocido como el espionaje del “Proyecto Camelot”. Alcanzó ribetes internacionales dado el origen del engendro, ya que había sido clonado por el Pentágono. El destape, en aquel entonces, revolvió el ambiente político interno aunque nunca llegó a tomar dimensiones espectaculares debido a que pronto el asunto dejó los titulares de la prensa para ser olvidado. Sin embargo, a pesar de la complicidad casi generalizada para pasarlo al olvido, el escándalo quedó registrado y está ahí a disposición de los que quieran seguirle la huella. Explotó el asunto con la denuncia de que estaba en plena marcha, durante el primer semestre de 1965 y desde varios años antes, un trabajo para escudriñar y hurguetear en las entrañas mismas de la sociedad. Se trataba de un proyecto de investigación sociológica destinada a averiguar y acumular conocimientos sobre un tema, nada de inocente. Estaban midiendo y valorando el potencial revolucionario que se había incubado al interior de la formación social chilena. Querían tener una radiografía nítida sobre “la criatura revolucionaria que había en el vientre de la sociedad”. Además de una variedad de temas subyacentes y vitales; como quien dice, “para entender y conocer al enemigo”. El enemigo en este caso era el pueblo, sus partidos, sus organizaciones sociales. Se trataba de conocerlo para destruirlo, para pulverizarlo, como se diría años después. El tema no estaba elegido al boleo, para emplear esa vulgaridad puesta de moda por la Concertación y su mundo. Su elección no era casualidad; por aquellos años era de primera prioridad en la agenda de la guerra contra-insurgencia en que estaba embarcado el gobierno norteamericano en América Latina y en el llamado Tercer Mundo. La guerra en Vietnam estaba en pleno desarrollo y la invasión norteamericana además de estar utilizando y probando nuevas armas militares de destrucción masiva, también estaba ensayando nuevas métodos de combate, en donde las ciencias sociales y la sociología en particular estaba siendo objeto de aplicación a objetivos militares en combate. En América Latina, se había consolidado la revolución cubana, después de reiterados fracasos militares que el gobierno norteamericano había propiciado para eliminar a la dirección revolucionaria que se había instalado en la isla caribeña. El ejemplo revolucionario cubano era mirado en el continente con simpatía por el resto de la izquierda latinoamericana, no tradicionalmente comunista. En Europa y en los propios Estados Unidos, la invasión y la guerra a Vietnam, la originalidad y el éxito de los revolucionarios cubanos, despertaron en la juventud del viejo continente y en la sociedad norteamericana una agitación social y una inusual actividad política anti-imperialista, con simpatías hacia los nuevos movimientos insurgentes, que también incluían movimientos de liberación nacional en África y otras latitudes de lo que en aquellos años se llamaba “tercer mundo”. Había en el inicio de la década de los sesenta muchas señales que en el pentágono y en el gobierno norteamericano provocaron reacción. Como producto de tal reacción surgieron planes especiales para luchar contra la insurgencia que afloraba en distintos lugares del planeta: surgen planes para la utilización de las ciencias sociales y cientistas sociales al servicio de objetivos y planes militares para derrotar y combatir los movimientos revolucionarios.
Estudios que sobre el tema aparecieron en el libro titulado: “Referencias; imperialismo y ciencias sociales”. Volumen 2, Nº 1, Mayo-Junio 1970. (Partido Comunista de Cuba, Universidad de La Habana). Se prestará particular atención a las investigaciones que se realizaron en el ámbito militar con el objeto de establecer una relación entre esas investigaciones y conclusiones y la estrategia militar que después se usó para hacerle la guerra al pueblo cuando llegó el momento de montar la estrategia de derrocamiento del gobierno de la UP. Está dedicado “al debate práctico e ideológico en torno a los usos de las ciencias sociales en el mundo contemporáneo”. Consta de tres partes; Sociología y Espionaje, Ciencia Social e Ideología e Información de bibliografía. En los dos primeros, distintos autores aportan con diferentes artículos. El tercero cuenta de un artículo, fluido en información bibliográfica. La discusión misma sobre el uso de las ciencias sociales, se inicia con un análisis de distintos proyectos ya desarrollados o en pleno desarrollo y financiados por instituciones norteamericanas ligadas a sus organismos de defensa y dominación. Se parte con una evaluación y análisis del Proyecto CAMELOT, implementado en Chile. El Proyecto AGILE, implementado en Tailandia y el Proyecto MARGINALIDAD, implementado en Argentina. Sobre este último caso se agrega una polémica suscitada en sectores de la izquierda de entonces. La segunda parte está dedicada a análisis teóricos sobre ideología y ciencia social, con aportes de distintos intelectuales. Y la última sección, se presenta una interesante bibliografía sobre “Ciencias Sociales y Neocolonialismo cultural en América Latina”. Las referencias que se harán acá estarán vinculadas a la sección dedicada al proyecto Camelot y tangencialmente se hará alusión a los otros trabajos.
En el libro Referencias mencionado, entre las páginas 87-114 hay un artículo titulado; “La Polémica sobre “El Proyecto Marginalidad”.-Sociólogos argentinos aceitan el engranaje escrito por Daniel Goldstein. Su contenido está destinado a denunciar el carácter de espionaje sociológico que tienen una serie de investigaciones que realizan en Argentina un grupo de intelectuales financiados por la Fundación Ford. Esto ocurre después del destape en Santiago del proyecto Camelot. El autor del artículo sostiene que en algún momento después de la mitad de la década de los sesenta la estrategia del gobierno norteamericano y del Pentágono para seguir realizando este tipo de trabajos consistió en “privatizarlos”: se realizarían todos los proyectos con financiamiento de fundaciones privadas norteamericanas, entre las cuales la misma fundación Ford jugaría un rol destacado. Pero no sólo eso; los mismos funcionarios del gobierno norteamericano que antes habían estado impulsando desde el gobiernos estos estudios, ahora habían renunciado a sus cargos y se habían desplazados a las corporaciones y fundaciones privadas para hacerse cargo de la dirección de tales proyectos. El autor cita el caso de un alto funcionario del gobierno de la época, un tal McGeorge Bundy. Este sujeto tuvo importante influencia en la delineación de la política exterior norteamericana a nivel planetario. Goldstein en su artículo cita declaraciones de Enero de 1967 en donde expone las innovaciones que aquella política tuvo a mitad de los sesenta,
“Para comprender la totalidad de la política imperial desde 1960, nada mejor que leer el artículo de Bundy aparecido en el órgano oficial de la política exterior norteamericana, la revista Foreign Affairs de enero de 1967: “Durante 20 años, desde 1940 a 1960, la expresión <y/o> constituía el patrón de las discusiones sobre política exterior: aislamiento o intervención, Europa o Asia, Wallace o Byrnes, Plan Marshall o reventamos, SEATO o neutralidad, las Naciones Unidas o la política del poder y siempre, insistentemente el anticomunismo o la unión con los comunistas”. El mundo no es tan simple, sigue diciendo Bundy “y con John F. Kennedy entramos a una nueva era. Insistía (Kennedy) constantemente en la adopción de líneas políticas paralelas que aparentemente se contradecían: reforzar la línea de defensa e impulsar el desarme, contra insurgencia y Cuerpos de Paz, brechas abiertas a la izquierda sin cerrar las puertas a la derecha razonable, una Alianza para el Progreso y una oposición irremisible a Castro; en suma, la rama de olivo y las flechas”. (Página 90)
Continúa Goldstein, página 91; “Fue precisamente en 1966 cuando el gobierno norteamericano sufrió una serie de deserciones importantes extremadamente sospechosas; Bundy dejó su puesto como asesor presidencial para Asuntos de Seguridad Nacional para pasar a la presidencia de la Fundación Ford. Otros funcionarios de similar categoría y experiencia, íntimamente vinculados a la conducción de la política imperial en América Latina,(…) como Lincoln Gordon y Thomas Mann dejaron el Departamento de Estado y pasaron a presidir y a dictar cátedra sobre política latinoamericana, respectivamente, a la Universidad Johns Hopkins. Cabe señalar que esta es la Universidad norteamericana que más dinero recibe para investigaciones militares y paramilitares en los Estados Unidos…”.
Por otro lado, el mencionado individuo que en 1966 se privatizó y se hizo cargo de la Fundación Ford, y que en 1967 se dedicaba a establecer los principios imperiales de la dominación yanki en la revista citada anteriormente por Goldstein, siendo alto funcionario en la Casa Blanca como asesor para asuntos de seguridad nacional en 1963 y estando en pleno desarrollo la intervención norteamericana en Viet-Nam, se permitía tirarle las orejas al embajador yanki, en aquel país asiático según consta en “Los Documentos del Pentágono”,24 publicados por El New York time:“Mas instrucciones de Bundy a Lodge sobre planes de contingencia”. Cablegrama de McGeorge Bundy al embajador Lodge, 30 de Octubre de 1963, Una buena cantidad de documentos que habían sido secretos fueron dados a la publicidad en EE-UU y se conocieron como “Los Documentos del Pentágono”. Eran documentos sobre el desarrollo de la intervención norteamericana en el sur-este asiático. Los documentos se referían a las comunicaciones, instrucciones y órdenes que el Pentágono, la Casa Blanca, la Embajada yanki en Vietnam y los comandantes militares de las tropas invasoras intercambiaban mientras se desenvolvía, lo que después sería una derrota militar de EE UU. En la página 262 Bundy desde la Casa Blanca imperativamente establecía un principio:
“… 2.- No aceptamos, como base de la política de los Estados Unidos, que no tengamos poder para demorar o desbaratar un golpe”.
Que tal,…simple y conciso, sin rodeos ni utilizando un lenguaje retorcido. Era el año 1963, en Octubre. El plan Camelot en el extremo sur de América se estaba iniciando, la guerra en el sudeste-Asiático se encontraba en pleno y creciente desarrollo, en el Caribe se había establecido un gobierno revolucionario en Cuba, y los intentos para derribarlo habían fracasado. Se habían retirado los misiles soviéticos de Cuba después del acuerdo directo y por sobre la cabeza de los dirigentes cubanos, entre Kennedy y Kruschov. Chile se preparaba para las elecciones presidenciales del 64, donde con una descarada intervención norteamericana en dólares, desinformación y recursos humanos, Kennedy primero y Johnson posteriormente se compraron a la Democracia Cristiana chilena de la época e impusieron lo que se llamó “La Revolución en Libertad”, destinada a ahogar y frenar la verdadera revolución que se incubaba en el interior de la sociedad y que los científicos-sociólogos del Camelot querían conocer y estudiar. En ése contexto, el señor Bundy establecía el principio de que la política exterior norteamericana se sustentaba en el criterio de que 24 New York Times, “Los Documentos del Pentágono”, Plaza & Janés, S.A. Editores, Barcelona 1971 tenían que tener el poder suficiente para demorar o postergar un golpe de Estado. Con el correr de los años se desataron golpes por todos lados, empezando por el de Brasil en ese mismo 1964. En otras palabras, la doctrina Bundy se mejoró y completó, agregándosele también la capacidad para no sólo demorar o postergar golpes, sino que también desarrollaron la capacidad para idearlos y promoverlos según las condiciones… con la ayuda de las Ciencias Sociales. Daniel Goldstein, en su artículo del libro Referencias hace mención a la naturaleza política y militar de los proyectos de “investigación científica”, muy de actualidad en la década de los sesenta. En la siguiente cita termina reproduciendo textual un párrafo del Comité de Relaciones Exteriores del Senado norteamericano, en donde se toca el tema. Desgraciadamente no colocó la fecha en que esos términos fueron expresados, sin embargo se trata evidentemente después de finales de 1965 y al término de la tercera parte de la década de los sesenta.
“El espionaje sociológico es una vasta empresa mixta donde organismos del gobierno norteamericano conjuntamente con la comunidad académica internacional estructuran los dispositivos que aseguran al imperio un flujo sistemático de información seria y detallada sobre lo que la gente de una región piensa, dice, siente, necesita, tiene, cree, teme, respeta, ama y espera”.

“Las Fuerzas Armadas ya no se dedican exclusivamente a la guerra. Sus misiones ahora incluyen pacificación, asistencia, la “batalla de ideas”, etc. Todas estas misiones requieren la comprensión de las poblaciones urbanas y rurales con las que nuestro personal militar puede entrar en contacto (…). De muchos países alrededor del mundo necesitamos más conocimientos sobre las creencias, valores y motivaciones (de la población), sobre sus organizaciones políticas, religiosas y económicas, y sobre el impacto de varios cambios e innovaciones sobre sus pautas socioculturales”.

(Del Apéndice I, Parte I, de los Hearings on Defense Departament Sponsored Foreign Affairs Research, Comité de Relaciones Exteriores del Senado de los Estados Unidos Página 108).

 

Conversación entre Kissinger y el Presidente Nixon, de los archivos desclasificados por la CIA y que público la BBC.

II. Hurgueteando en el vientre de la sociedad.

El hurgueteo en Chile era, pues, parte de las actividades de una potencia extranjera al interior del Estado chileno. Más aún, era una parte importante de una nueva orientación que se había empezado a poner en práctica en el Pentágono. Esta participación externa al interior del Estado Chileno le agregaba al escándalo una dimensión y una dosis extra de gravedad. Se estaba violando uno de los supuestos de la llamada soberanía nacional. El hecho sin embargo, nunca llegó a preocupar o a inquietar mayormente a los que están llamados a ser los guardianes de la soberanía, detalle sugestivo y que tiene importancia. La paternidad del proyecto denunciado correspondía a sociólogos norteamericanos, los que financiados con dineros del Pentágono, habían optado por poner sus capacidades y herramientas intelectuales al servicio de los objetivos militares. Se montó así un proyecto de investigación científica para ocultar lo que no era otra cosa que una vulgar operación militar. La particularidad y lo nuevo en este caso era que los que hacían de soldados no vestían uniformes ni dormían en los cuarteles militares, sino que vestían de civil, tenían grados académicos, eran cientistas sociales, trabajaban en universidades y dormían tranquilamente entre la misma población, como cualquier buen vecino. Esta forma de operar en el Pentágono estaba enmarcada en la aplicación de una nueva vía de acción, bastante generalizada a principio de la década de los sesenta y que quizás venía desde fines de la década de los cincuenta. Pero no sólo el ambiente político-parlamentario de la época se vió sacudido por el destape. Un sector de la llamada comunidad académica, ligado al área de las ciencias sociales, se vio fuertemente salpicado. Se descubrió que algunos académicos tenían las manos puestas en el sucio e inmoral proyecto. Se supo de las vinculaciones que profesores de la Universidad Católica de Chile en particular tenían con el proyecto. Lo que de paso revelaba que en esa institución no sólo los economistas de la facultad de Economía buscaban inspiración y financiamiento para sus estudios en la Universidad de Chicago, sino que ahora se sumaban los académicos del departamento de sociología que hacían lo mismo con otras universidades norteamericanas con fuertes lazos y financiamiento del aparato militar norteamericano.
Entre las páginas 7-20, los editores del libro Referencias indican: “ofrecemos a nuestros lectores el texto de la primera parte del proyecto”. De ése texto, que en realidad es un informe sobre la investigación, se pueden extraer algunos contenidos que reflejan bastante bien lo que era y en que consistía el engendro CAMELOT, escrito todo por sus mismos inspiradores y ejecutivos. Así por ejemplo cuando en el informe dan un resumen cuantitativo de las dimensiones y alcances que tenía, y sus objetivos “académicos” en lenguaje retorcido, se pueden desprender los propósitos anti-insurgentes, en la Pág. 7-8. Parte I.

Introducción:

Este informe pretende indicar el estado actual del esquema de investigación para el Proyecto Camelot. Este proyecto es el resultado del esfuerzo de 140 profesionalesaño, durante tres y medio años, para determinar la posibilidad de desarrollar un sistema de análisis de un país que proporcionaría los medios para:

-1) identificar y medir indicadores y estimar las causas de un conflicto potencial interno.

2) estimar el efecto de diversas acciones gubernamentales que influyan sobre ese potencial.

3) obtener, conservar y recoger la información requerida para el sistema anteriormente mencionado.

Este esquema de investigación será continuamente revisado desde ahora hasta el 1ro de Septiembre de 1965, fecha en que realizarán los mayores esfuerzos de recolección de datos en 21 estudios analíticos de casos de guerra interna y en 5 estudios de sistemas comparativos de sociedades contemporáneas en funcionamiento. “…la tarea del Plan Camelot es aplicar la teoría sistemáticamente derivada y los métodos mejorados desarrollados en muchos otros campos de las ciencias sociales, al dominio específico del conflicto interno y a las relaciones entre los insurgentes y afectados. Además, esta aplicación debe ser de tal tipo que, una vez reunidos los datos del caso en estudio, sea posible efectuar los análisis comparativos necesarios para el desarrollo científico.”.
(Nota: los remarcados y eventuales subrayados no existen en el texto del libro mencionado. Lo anterior vale además para todas las citas, a menos que se indique lo contrario).
Ciento cuarenta profesionales año, durante tres y medio año para estimar las causas de un conflicto potencial interno, sin olvidar el esfuerzo paralelo para identificar y medir los indicadores. Todo en el punto uno.

En el punto dos, se proponía evaluar el efecto de las acciones del gobierno en relación a ése potencial….conflicto interno, se subentiende, ya que no se está hablando ni está en estudio el potencial hidroeléctrico del país. Como de lo que se trataba era de desarrollar un sistema de análisis del país, se trata en el punto tres de obtener, conservar y recoger la información requerida. En relación a esto último, cae por su peso algo que de inmediato hace suponer, un esfuerzo para el análisis y procesamiento de datos e información y luego la indispensable derivación de las correspondientes deducciones y conclusiones. Todo lo cual esta dicho en el último párrafo citado, en el lenguaje retorcido, como se ha dicho. No otra cosa es señalar que todo se hace para “el desarrollo científico”, cuando en realidad se trata del desarrollo de las ciencias sociales aplicadas a la guerra interna. En pocas palabras, al servicio de objetivos y estrategias militares, contrainsurgentes, en contra de la izquierda y en defensa de las clases dominantes. O sea, los ejecutores del plan CAMELOT estaban efectivamente haciendo investigaciones y por ésa vía contribuyendo al desarrollo científico. Naturalmente que funcionales al sistema y en defensa de éste. El penúltimo párrafo respecto de la fecha de septiembre de 1965, en donde de acuerdo a los mismos ejecutivos y mentores del proyecto se haría una especie de resumen, resulta interesante por cuanto quiere decir que a la mencionada fecha ya todo el trabajo grueso en el terreno estaría prácticamente finalizado. Ese dato es interesante contrastarlo con la información que entrega el mismo Johan Galtung en su artículo, a continuación del texto que se esta comentando, “Después de CAMELOT”. Galtung, sociólogo de origen noruego que a principios de la década de los sesenta se desempeñaba en la oficina de la UNESCO en Santiago, al ser contactado para su eventual participación en el proyecto, optó por denunciarlo. Acompaña su artículo con una serie de notas (20 en total). En ellas hay informaciones sobre bibliografía y documentación sobre el Camelot. Por ejemplo en la nota número uno hace referencia a la discusión habida en la Cámara de Diputados de Chile en la “Sesión 33, jueves 16 de diciembre de 1965, legislatura extraordinaria. Revista Ercilla, Julio 7, 1965. Págs. 20-31, artículo escrito por José Pablo López; “La tenue red del Proyecto Camelot”. Sostiene Galtung en su artículo, pág. 22, del libro Referencias:
“La historia del proyecto, brevemente expuesta, es la siguiente: Se elaboró en los EE-UU, por una comisión de Sociólogos, proponiéndose que el documento final se terminara en el verano de 1965. Sin embargo, cuando los sociólogos latinoamericanos tuvieron conocimiento de lo que se proyectaba, reaccionaron violentamente, e indignados se negaron a cooperar; esto trajo la atención nacional de Chile, y posteriormente, la internacional. .Como resultado del escándalo se canceló el proyecto el día 8 de Julio, por la Oficina del secretario de Defensa y posteriormente por orden del presidente de los EE UU, que fue publicada el día 5 de Agosto, donde proclamaba que no se llevaría a cabo ninguna investigación patrocinada por el gobierno en zonas extranjeras, ya que a juicio del Secretario de Estado esto afectarías las relaciones internaciones de los EE-UU”.

Por lo tanto, mientras en Chile se debatían intensamente las implicancias políticas, morales y militares del proyecto en cuestión a lo menos desde el otoño-invierno hasta diciembre del 65, el engendro era cancelado oficialmente en Agosto por Washington, cuando ya el proyecto prácticamente había sido realizado a plenitud. El gesto cuidadosamente bien publicitado, no era nada más que una jugada para la galería. Y sobre esta “movida” no puede haber dudas. La conclusión es evidente: cuando cancelaron el negocio, tenían en carpeta todo el material acumulado durante tres años y medio, producto del trabajo de 140 hombres año. Un banco de conocimientos sobre el funcionamiento de la sociedad chilena y sobre el modo de pensar del pueblo y los distintos estratos de la sociedad. Podían fácilmente afirmar que con todo ese conocimiento sabían bastante acerca de las características que tenía el proceso revolucionario que estaba incubado en el seno de la formación social chilena.
En el debate de entonces en la Cámara de Diputados, fue develada la naturaleza del CAMELOT y en palabras de un hombre que nunca ha sido de izquierda, pero sí demócrata cristiano toda su vida, según cita en el artículo de Galtung, Referencias, página 25:

“…en la Cámara de Representantes chilena,…el presidente de una comisión especial de investigación para examinar el Proyecto CAMELOT, Andrés Aylwin: “Es importante hacer otro señalamiento: En este proyecto se pretende hacer un análisis de los problemas del hombre, del hambre, del desempleo, etc.; sin embargo, ellos no son estudiados por su importancia intrínseca, sino sólo en función de ser las posibles causas de la rebelión o la revolución. O sea, en el proyecto Camelot no se analiza el desempleo para encontrar sus causas y buscar sus soluciones; no se estudian los problemas vitales del hombre para tratar de resolverlos; el conocimiento de los problemas sociales sólo tiene importancia para ayudar a resolver las tensiones. Resumiendo, este proyecto no ha sido concebido para tratar de resolver los problemas del hambre en América Latina, sino para evitar la revolución”.

Otra contribución para develar la naturaleza y propósitos del engendro lo constituye la carta que desde la Universidad Católica de Santiago se envía a colegas de la red internacional de sociólogos. La dirección académica de la Universidad se vio obligada a tomar distancia y a denunciar los verdaderos propósitos del Camelot.
Libro Referencias en el mismo artículo de Galtung, página 27: “…el intento de seducir o engañar a los latinoamericanos, explicado por la Universidad Católica de Santiago de Chile en una carta al Presidente de la Asociación Sociológica Internacional…”: “El Dr. Hugo Nuttini, profesor del Departamento de Antropología de la Universidad de Pittsburg, que vino a Chile para ponerse en contacto con nuestros sociólogos e interesarlos en participar en el proyecto CAMELOT, afirmó oralmente y por escrito que el proyecto fue financiado por la Fundación de Ciencia Nacional cuando realmente lo fue por el Ejército de los Estados Unidos y el Departamento de Defensa de ese país. Además en la copia del Proyecto que entregó a los sociólogos chilenos –según todos comentaban- el Ejército había sido particularmente tachado. Finalmente se hicieron grandes esfuerzos para hacernos creer que su fin era puramente científico, cuando, en realidad, era un intento que serviría de base a la contra insurrección política de los Estados Unidos.”
Es indispensable tener presente hoy, al momento de evaluar los hechos que se comentan, que el Chile de 1965 era muy diferente al Chile “reconstruido, que con ayuda del estado de sitio dejó como herencia la dictadura militar después de 17 años. Además, hay que decirlo, era un Chile también diferente al Chile “convergente y renovado” que por desgracia existe hoy. Ni el parlamento era el mismo, ni las Universidades. Todo el sistema de enseñanza era diferente. No es que se esté predicando aquí aquello de que todo tiempo pasado fue mejor. Simplemente había una concepción de la Universidad y de la enseñanza en donde éstas no estaban al servicio de intereses privados ni militares, ni financieros, a lo menos de manera directa e instrumental, como lo es hoy. Todo de acuerdo a principios muy antiguos en relación al rol de conocimiento humano que la universidad debía cultivar, reproducir y difundir. Sin mencionar el gasto y la responsabilidad que el Estado tenía en educar a su juventud. Al respecto, fue por años famosa una frase dicha por un presidente Radical de finales de la década del 30 y principios de los cuarenta, cuando simplemente dijo que: “gobernar era educar”. Con los años el mismo partido Radical olvidó, “concertada y renovadamente” lo que había sido uno de sus pilares de sustentación. Hoy está lapidariamente retratado el indignante y odioso carácter clasista de la sociedad chilena si se considera que el gasto estatal en la enseñanza básica por alumno no pasa los 35 mil pesos al mes, (cifra esta que la presidenta considera poca y trata de aumentarla a 42 mil pesos) mientras que en las escuelas privadas éste mismo gasto llega a los 250 mil y más. Para poner otra lápida al cinismo de los administradores del sistema excluyente y clasista chileno actual, la persona que el pueblo ha elegido como presidenta se da el lujo de decir que las injusticias ¡le indignan!!!… Y le indigna tanto, que evita cambiar el sistema, y en su lugar se dedica a nombrar comisiones para que lo “amononen”. ¡Concertada y renovadamente!!! Tirando una migaja por aquí y otra por allá. Tensionando a la sociedad en todas partes.
El parlamento de entonces, siendo un sistema parlamentario burgués hecho por la clase dominante chilena, tenía sin embargo características imprimidas por la izquierda y el pueblo tras largas y difíciles luchas. Un parlamento que, por lo demás, fue en muchos aspectos un contrapeso real en el juego de los poderes del Estado. Es decir, no un adorno o nido de corrupción como el actual. Había en ésos años otra concepción de sociedad, se puede incluso llegar a decir que “las ideas dominantes en aquellos años no eran sólo las ideas de la clase dominante”. También dominaban las ideas humanistas de igualdad, fraternidad y hermandad. Sin mencionar las ideas definitivamente comunistas, en el sentido genérico del término, no sólo las expresadas por el partido con ése nombre. Lo antedicho explica que no sólo la izquierda en aquella época protestó en contra del hurgueteo y espionaje que por orden de una potencia dominante estaba operando en las entrañas mismas de la sociedad para averiguar lo que pensaban los chilenos sobre la revolución. Si el asunto se repitiera hoy, evidentemente a nadie en ninguna universidad se le ocurriría protestar y el parlamento y los parlamentarios, incluidos los renovados y convergentes, como quien dice “morirían pollo”. Hoy las universidades tienen clientes, no alumnos. Y el parlamento está, entre otras cosas, para acatar el Presupuesto Nacional que presenta el Gobierno de turno. Acatar no es lo mismo que rechazar, modificar o simplemente ignorar. El parlamento es un adorno y como todo adorno, está simplemente adosado a algo para la apariencia y el formalismo.
Todo consistía en que el Proyecto Camelot, proyecto Pentágono, estaba orientado a conocer, estudiar y analizar las entrañas de la sociedad chilena a fin de pesquisar la revolución que allí se incubaba; desde esas posiciones y conclusiones, elaborar la fórmula para frenarla y destruirla.
Pero no se conformaban con eso, pretendían ir más allá. Además querían analizar y estudiar las revoluciones anteriores que habían sucedido en la historia de la humanidad: los militares norteamericanos habían llegado a la conclusión de que para estudiar las revoluciones que se estaban engendrando hoy, había que también estudiar las que se habían engendrado antes. De ése modo sería más fácil sacar conclusiones a la hora de elegir la estrategia para combatir las que vendrían en el futuro. Así en la página 14 del libro que se indica anteriormente y en la parte que cita textualmente al documento parte del proyecto CAMELOT, los autores del proyecto escribieron:
“La revolución, por ser uno de los problemas sociales y políticos clásicos, ha sido tratada ampliamente en la literatura teórica y descriptiva. El material teórico proporcionado en este siglo por Edward, Brinton y Sorokin, así como el abundante material descriptivo sobre las llamadas “grandes revoluciones” y muchos otros han sido revisados y se ha seleccionado todo el material útil. Un ejemplo excelente del material descriptivo cuantitativo que será utilizado por el Plan Camelot es la nueva investigación sobre la Revolución Francesa que están llevando a cabo de la manera más rigurosa, Charles Tilly y Gilbert Shapiro”.

Los contrarrevolucionarios de la década del sesenta, además de elevar la revolución como un problema clásico, estaban dedicados según ellos mismos, a revisar y seleccionar y por extensión se debe agregar a estudiar “todo el material útil”. En ése encomiable empeño por los estudios no se les escapó ni la misma Revolución Francesa que ya tiene más de 200 años en sus espaldas. Todas fueron estudiadas y revisadas, “por ser uno de los problemas sociales y políticos clásicos”. Como tales serían estudiadas no de cualquier manera. El trabajo de estudio se hizo, de acuerdo a como lo dicen los mismos mentores del engendro CAMELOT,”…de la manera más rigurosa”. No en vano disponían de 140 profesionales año, durante tres y medio años y un presupuesto de millones de dólares. Todo al servicio de objetivos militares. Y estudiando problemas sociales y políticos clásicos. Es decir los contrarrevolucionarios de entonces eran….ilustrados, además de otras cosas. Cualidad, que a juzgar por los resultados posteriores, faltaba o escaseaba en el campo popular. El afán por estudiar el tema, es decir, el estudio de las revoluciones anteriores como “…problemas sociales y políticos clásicos”, como se sostuvo o insinuado antes, tenía como objetivo encontrar herramientas analíticas y conceptuales para la “comprensión de la guerra interna”. Se trataba, como ellos mismos lo afirman, de elevar aquella comprensión de la guerra interna a la categoría “del arte del conocimiento de la guerra interna, del arte de las ciencias sociales”. Lo anterior se reproduce en las páginas 14-15.
“En el Plan Camelot, los avances fundamentales en la ciencia social ayudarán a la comprensión de la guerra interna. Además las nuevas técnicas y la mayor cantidad de datos, que son el resultado del esfuerzo programado de 140 profesionales año, producirán avances fundamentales en la tecnología de la ciencia social misma”.
“——El plan de investigación y la noción sobre el Plan Camelot, como han sido descritas en el documento de trabajo del 1ro de febrero de 1965, titulado “Proyecto Camelot: esquema y fase”, se afirma en la condición existente del arte del conocimiento acerca de la guerra interna, del arte de las ciencias sociales y en el nivel programado del esfuerzo.”
Luego, “los estudiosos” contratados por el Pentágono hilaban fino, exigían y requerían “… más información detallada de la secuencia de los acontecimientos y las condiciones que conducen a la guerra interna…era necesaria aislar el potencial de la guerra interna teórica y prácticamente”. Indudablemente que había un marco metodológico de laboratorio para el análisis del potencial de la guerra interna. Ese análisis exigía información detallada de la secuencia de los acontecimientos y condiciones que conducen a la guerra. De nuevo en las páginas 14-15; ( remarcados y subrayados no están en el libro en mención)
“…El primer tipo de estudio (estudios del caso analítico) fue necesario porque se requirió más información detallada de la secuencia de los acontecimientos y las condiciones que conducen a la guerra interna, desde el punto de vista del insurgente y de poder organizado. Esta información, en un mínimo correlativo y cuanto más causal, es necesaria para aislar el potencial de la guerra interna teórica y prácticamente. También es necesario aislar factores que son correlativos y necesarios y/o causales, con el objeto de estudiar el impacto de las acciones gubernamentales. Estos datos, inicialmente pueden ser recopilados en casos conocidos de guerra interna y luego probados en los casos en que la guerra interna no se produjo”. “El segundo tipo de estudio (estudios de los sistemas sociales) es necesario para establecer análisis de sistemas dentro de una estructura contemporánea que puede medir los factores involucrados en el potencial de una guerra interna y medir los efectos de las diversas acciones gubernamentales sobre ese potencial.
Es conveniente valorar plenamente el contenido del primer párrafo, que se reproduce nuevamente: “se requirió más información detallada de la secuencia de los acontecimientos y las condiciones que conducen a la guerra interna, desde el punto de vista del insurgente y de poder organizado”. Obsérvese el lenguaje aparentemente neutro y objetivo y, no obstante, cargado de opción e ideología. Se trata pues, de una investigación cuyos resultados entregarán la fórmula para aplastar en el nido una eventual revolución. La recolección de información detallada y estudio posterior de la secuencia de los acontecimientos, no puede tener otro destino que detectar la cadena de hechos que son importantes. Conocerles el rostro y detectarlos a tiempo es un hecho de importancia nada de despreciable. Con esa información en la mano pueden tomarse muchas decisiones muy relevantes.
Es claro que el poder organizado significa los anti-insurgentes, o sea los miembros de las clases dominantes, del aparato del estado y sus guardianes. Del mismo modo, que el empeño puesto en adquirir información y muy detallada de las condiciones que conducen a la guerra interna, significa acá no otra cosa que buscar e identificar tempranamente los signos y las señales que revelarían la presencia de una situación revolucionaria. Logrando lo anterior, es decir, logrando identificar por anticipado el germen de una situación preñada de conflictos como lo es una situación revolucionaria, pueden ellos adelantarse a los hechos, prevenir el peligro y tomar medidas precautorias para abortar, desviar o desvirtuar procesos sociales que pongan en peligro la estabilidad de la dominación burguesa. Entre esas medidas precautorias se cuenta no sólo la represión violenta. Se pueden dar el lujo de usar una represión selectiva, asesinando dirigentes populares que potencialmente sean vistos como un peligro: sacar del escenario a eventuales dirigentes con potencial y peligrosidad por medio del asesinato es un método bastante usado por los represores y oficinas de inteligencia; no es el único recurso y la variedad es infinita, llegando, incluso, a la intimidad personalfamiliar del individuo en cuestión. El concepto: la secuencia de los acontecimientos quiere decir que lo que buscan y quieren detectar es el rostro de aquellos hechos políticos y sociales que son relevantes, significativos y que aparecen en todos los procesos revolucionarios cuando hay por ejemplo, agitación social y política.
El estudio dedicado a medir el impacto de las acciones gubernamentales también es un detalle que tiene interés, por cuanto el estudiar los efectos de las acciones del gobierno permitiría sacar una serie de conclusiones valiosas e indispensables al momento de enfrentar con éxito una eventual guerra interna. De partida, los efectos en el seno del pueblo de las acciones de gobiernos reaccionarios son muy distintos de los efectos de las acciones de un gobierno popular. El impulso de la reforma agraria que expropia las haciendas de los terratenientes significa directamente un efecto en los trabajadores agrícolas que no deja a éstos indiferentes. Al contrario, significa un estímulo a la movilización ya que están obligados por las circunstancias a empezar a tomar en sus manos la dirección de una empresa agrícola en la que antes sólo se limitaban a obedecer las órdenes patronales: en esa medida, los acerca al proletariado urbano e industrial tanto por la administración “técnica” de sus asuntos, cuanto por la perspectiva política de posibles alianzas y pactos. Las consecuencias psicológicas, sociales y políticas de una reforma agraria en la vida de los trabajadores agrícolas y sus familias son profundas. Pero también son dinámicas y desatan una energía que puede entre otras cosas, dependiendo de las condiciones, significar que los trabajadores agrícolas por la misma dinámica de los acontecimientos sobre-pasen los planes originales del mismo gobierno que inicia o profundiza una reforma agraria. Cuando ello sucede, cuando el despertar de los trabajadores es real y está estimulado por otras circunstancias, como por ejemplo la misma contra-reacción de los empresarios agrícolas afectados por el proceso de reforma agraria, entonces la dinámica de los hechos puede conducir a otros hechos nuevos y desatar una cadena de acontecimientos sociales de impredecibles consecuencias para la clase dominante y sus administradores. Estas consecuencias que se generaban productos de las acciones gubernamentales estaba siendo medidas y observadas atentamente por los investigadores del plan Camelot.
Ya en el terreno mismo, es decir en el “trabajo de campo”, los encuestadores que trabajaron para el proyecto lo hacían entrevistando gente. Antes de ver alguna de las preguntas que contenían los cuestionarios, no sobra realizar un vistazo al marco general y teórico que inspiraba la formulación de las pregunta. En Referencia, se contempla el fragmento de un anexo que se refiere al tema. Páginas 16-17, apéndice I. (Remarcados no están en el libro).
“… necesitamos un medio para organizar la recolección de datos importantes a través de preguntas de amplio alcance, que reflejen los diferentes aspectos de, y las perspectivas sobre una sociedad como un todo. Más aún, ya que las hipótesis acerca de las revoluciones y de la insurgencia cubren una amplia gama de enfoques, y el Plan Camelot está encargado de probar un gran número de las más plausibles, o aquéllas que parezcan tener grandes probabilidades de éxito, nuestro esfuerzo para recolectar datos debiera organizarse de un modo tal que cumpla con las necesidades de datos de muchos enfoques analíticos diferentes. Finalmente, con el objeto de obtener datos determinadamente comparables, tanto para un gran número de casos como para diversos enfoques, los instrumentos para la recolección de datos deben reflejar una razonable cantidad de detalles y definiciones, como también un amplio margen de preguntas. Se han proyectado siete instrumentos para hacer la recolección de datos: 1/desarrollo político del caso; 2/Análisis de los disturbios políticos (incidentes de la violencia); 3/Análisis del Gobierno; 4/Análisis de las organizaciones insurgentes; 5/Modelos institucionales; 6/Grupos ocupacionales; 7/Datos de antecedentes sociales.”.
Este anexo introductorio a los formularios que portaban los entrevistadores había sido confeccionado de forma que se hacían “preguntas de amplio alcance, que reflejen los diferentes aspectos de, y las perspectivas sobre una sociedad como un todo”. A los muchachos no se les puede acusar de particularistas,…solamente. Eran además,…generalistas, querían tener una visión de conjunto y totalizante, hacían “preguntas de amplio alcance”. Querían que se reflejara la sociedad como un todo, con sus diferentes aspectos y perspectivas. Entonces se hace indispensable reflexionar sobre las implicancias del siguiente párrafo, en el que ellos mismos enfatizan, “Más aún, ya que las hipótesis acerca de las revoluciones y de la insurgencia cubren una amplia gama de enfoques, y el Plan Camelot está encargado de probar un gran número de las más plausibles, o aquéllas que parezcan tener grandes probabilidades de éxito, nuestro esfuerzo para recolectar datos debiera organizarse de un modo tal que cumpla con las necesidades de datos de muchos enfoques analíticos diferentes”. Es decir, los mentores del proyecto estaban muy conscientes de la existencia, a principios de los 60, de una amplia gama de enfoques sobre las hipótesis acerca de revoluciones e insurgencias. Lo anterior equivalía a reconocer un hecho muy cierto y de validez significativa que con el correr de los años, en la historiografía oficial tanto de la izquierda como de la derecha, se pasa interesadamente por alto.
Por aquellos años no existía UNA sola versión sobre cómo debían plasmarse las revoluciones: no es que toda revolución o insurgencia estuviera dirigido desde un centro que entregaba la línea al resto para que la aplicara. Sobre la revolución y sobre la insurgencia, según los mismos encargados de combatirlas, había matices que “cubrían una amplia gama de enfoques”. En donde unos eran más plausibles que otros y ellos, los contrarrevolucionarios, se estaban preocupando por aquellos enfoques que tuvieran más posibilidades. Todo el planteamiento anterior revela e indica una característica nada despreciable que tenían los contrarrevolucionarios de aquella época cuando analizaban a los revolucionarios. Aquellos, es decir los contrarrevolucionarios de entonces, se esforzaron e “hilaron fino”: ¡a principios de la década de los sesenta!!!
Efectivamente en la izquierda había “enfoques analíticos diferentes”. Este detalle, estas diferencias de tonos en la intensidad del color rojo de aquella época, que los contrarrevolucionarios estudiosos del proyecto Camelot no pasaron por alto, se hace necesario retenerlo para análisis ulteriores que se intentarán más adelante en este ensayo. Por lo pronto, baste destacar el hecho de que los mentores de las investigaciones y espionajes que se realizaron en aquella época estaban muy conscientes que en la izquierda no había estricta unidad de criterios. Que la izquierda de la época, era variada y con enfoque e hipótesis diferentes sobre la revolución y la insurgencia. Aspectos que ellos no ignoraron ni pasaron por alto. El detalle tenía importancia práctica: al momento de sacar conclusiones seguramente estimaron que ésas diferencias en la izquierda exigían por parte de ellos como contrarrevolucionarios darle a cada uno un trato distinto y no igual. O usaron tal conocimiento para introducir “cuñas” y divisiones en el campo popular. Prácticas bastante antiguas usadas por la clase dominante chilena, que actualizaron y modernizaron con la ayuda de los resultados del plan Camelot.

III. Los investigadores del Camelot descubren a los “guardianes” de la Constitución.

 

En la página 17 de Referencias, se dispone un apéndice II que contiene una introducción adosada a los formularios de las encuestas y que precede, precisamente, a las “preguntas de alto alcance”. El formulario estaba destinado al personal de las Fuerzas Armadas y más precisamente a sus oficiales. Se explica que el objetivo de los estudios en marcha consisten en lograr una mejor comprensión de la relación entre el pueblo y el ejército: (Los remarcados no están en la versión del libro indicado).

“Entrevistador…..Fecha…..Hora Inicial……. Introducción:
Como parte de un estudio sobre las FF-AA estamos recogiendo información a oficiales militares que hayan prestado sus servicios profesionales en el Ejército y que debido a su experiencia nos ayudará a comprender mejor la relación entre el Ejército y el pueblo de Chile. Desde luego quedaremos especialmente agradecidos a Ud. por la cooperación que pueda prestarnos contestando las preguntas que le haremos a continuación. Debido a su carácter estrictamente científico ellas son estrictamente confidenciales, ya que serán sometidas a procesos posteriores de análisis estadísticos que hacen imposible la identificación de los autores de las opiniones.
A continuación, y por estimar que el contenido del cuestionario usado alcanza importancia extraordinaria, se ha optado en este ensayo por reproducirlo tal y como aparece en Referencias, a pesar de su extensión. Las preguntas están concebidas de manera que puedan “reflejar una razonable cantidad de detalles y definiciones”, según se desprende de las exigencias que los mentores del proyecto se impusieron al diseñar las preguntas, como consta en uno de los párrafos citado con anterioridad. Los remarcados no están en el texto original del libro mencionado. Además, se han aislado con doble espacios aquellas preguntas que se han considerado de una importancia directa, como una forma de llamar la atención del lector sobre ellas. Página 18. (Segunda parte del apéndice II).
Señor oficial:
Como una forma de obtener una mejor comprensión de las relación que existe entre el pueblo de Chile y su Ejército, estamos estudiando algunos aspectos que nos parecen tienen un papel importante para el logro de nuestro objetivo. Dado la finalidad eminentemente científica del trabajo que estamos realizando las opiniones que Ud. se sirva de manifestarnos a continuación no necesitan llevar su firma y son, por lo tanto, estrictamente confidenciales. Debido a la razón anterior le rogamos ceñirse en sus respuestas –exclusivamente- a las instrucciones que aparecen en el cuestionario y bajo ninguna circunstancia comentar las preguntas con sus compañeros u otras personas sin antes haberlas respondido y remitido a nosotros en el sobre adjunto, cerrado por intermedio de la persona encargada de recolectarlos. Agradeceremos especialmente a Ud que lea las preguntas e instrucciones cuidadosamente y se sirva escribir tan legiblemente como le sea posible o use letra imprenta o máquina de escribir a fin de evitar errores de interpretación. Grado… Armas de servicio… Unidad o escuela, Academia de Guerra o Politécnica….Lugar de nacimiento…Ocupación de su padre, (especifique cuidadosamente)…..Ocupación del padre de su esposa….Parientes en las FF-AA o Carabineros (Especificar: grado de parentesco, grado alcanzado y si está en servicio activo o no)….. Educación: 1.Hades., Universidad… 2. Escuela Militar… 3. Academia de Guerra… 4. Academia Politécnica… 5. Escuelas Militares extranjeras… País… No. de años… 6. Profesor militar… No de años… Antigüedad obtenida en el curso militar de la Escuela Militar especificar puesto y número de alumnos del curso:
1. Haciendo un recuerdo: ¿Cuáles fueron las principales razones que Ud. tuvo para decidirse a seguir la carrera militar? (especificar).

2. En su carrera militar: ¿Cuáles han sido las principales fuentes de satisfacción para Ud.? (Especificar).

3. Asimismo: ¿Cuáles han sido las principales fuentes de insatisfacción para Ud?. (Especificar).

4. Sin incluir a sus parientes: ¿Cuantos de sus cinco mejores amigos son oficiales?: Oficiales… Ocupación de aquéllos que no son oficiales….

5. Si Ud., tuviera que aconsejar a un hijo suyo, ¿le recomendaría que siguiera la carrera militar? ¿por qué? Si… No… Porque….Tradición militar familiar… Persistencia de la ideología profesional…
6. Si Ud. tuviera que escoger entre las siguientes categorías,

¿En cuál de ellas se ubicaría Ud. políticamente en este momento? Derechista….Algo derechista….Algo izquierdista….Izquierdista…. Comente, por favor, el origen de su decisión y el significado que Ud. atribuye al concepto señalado. La relación profesional-política tenderá a hacer que: 1ª) La ideología sobre política y sobre posición política de los oficiales estará determinada no por su pertenencia a una clase social, sino por la pertenencia a un grupo profesional y no por clase social.
7. En su opinión, ¿la probabilidad de una guerra entre Chile y alguno de sus vecinos no existe, es muy pequeña, es escasa, o es grande? ¿Podría explicar por qué piensa así?
8. El Ejército intenta ayudar al desarrollo económico del país a través de programas de educación en alfabetización y enseñanza técnica a los conscriptos, construcción de caminos, puentes, viviendas, forestaciones y otras actividades. ¿Cree usted que el Ejército debiera aumentar estos programas de desarrollo o piensa Ud que estos trabajos podrían ser realizados a través de otras instituciones gubernamentales que no fueran el Ejército? 1/ Aumentar los programas del Ejército… 2/ Realizarlos por otras instituciones… 3/ Está bien como está… ¿Por qué?…. Problemas…
9. De las actividades militares, ¿Qué porcentaje de ellas desearía Ud., que fuera dedicado a estos programas como máximo? Porcentaje…. %. Ritmo de cambio de meta…

10. ¿Considera Ud., que su participación en estos programas de desarrollo es compatible con su rol profesional y su propia imagen como oficial? (Sírvase explicar su respuesta, por favor). Capacidad y compatibilidad del profesional militar frente a nuevas metas…
11. Un cuestionario dado a una muestra de la población chilena mostró una gran fe de los civiles en que los militares defenderían la Constitución si ésta fuera violada. Específicamente, ¿bajo qué circunstancias cree Ud. que los militares debieran actuar en esta materia?
12. ¿A qué clubes, asociaciones, etc., pertenece Ud. Actualmente?
13. A continuación UD. encontrará algunas opiniones que se han emitido sobre los militares. Para cada proposición le rogamos indique si UD. concuerda fuertemente, CF. concuerda un poco, CP. Disiente un poco, DP. o disiente fuertemente de ellas, DF. UD. puede fundamentar sus opiniones siempre que lo estime necesario,
1./ Los valores dominantes de la moderna sociedad comercial son el materialismo y la búsqueda del placer y estos valores tienen a debilitar (en los ciudadanos del país) los valores de patriotismo, deber y sacrificio personal tan necesarios para el soldado. CF…CP…DP…DF…Aislamiento social de la organización militar respecto a otras organizaciones sociales…

2./ Las probabilidades de un conflicto entre países latinoamericanos son pequeñas dado que usualmente puede confiarse en la Organización de Estados Americanos y las Naciones Unidas para mantener la paz. CF… CP… DP… DF… Evaluación del papel de las organizaciones internacionales como medio de solucionar conflictos…

3. / En cierta forma, una pequeña guerra es buena para un país ya que largos períodos de paz producen una debilidad general en la población. CF… CP…. DP…. DF… Persistencia del espíritu bélico….

4. / El Ejército es necesario para la defensa del país, pero, ciertamente, no tan importante como 20 o 30 años atrás. CF… CP… DP…. DF… Cómo ven ellos su importancia para la nación…
5. / El militar es necesario para el país aún si no hay guerra para actuar como un guardián de la Constitución en caso de que un Gobierno tratara de violarla. CF…CP…DP…DF… Comparación con creencia en esta acción de los civiles…Fuerza y conflicto interno….Fecha….

Las preguntas número seis y ocho se han remarcado por sus contenidos especiales. La primera de ellas, la seis, pretende realizar un escrutinio, una radiografía, o un escáner como se diría en el lenguaje computacional de hoy, de la conciencia política de los oficiales. Y un escáner de una muy alta resolución, habida cuenta de las diferenciaciones bastante finas existentes en la pregunta, tales como, algo izquierdista…..o izquierdista. La pregunta ocho, e incluso las que le siguen, pretende escanear la opinión de los oficiales sobre la participación del Ejército en los programas del gobierno, que vincula directamente al personal armado con la población civil. Preguntas y tema nada de inocentes, con derivaciones directamente políticas y cuyo alto significado no escaparán al “observador atento”, según la frase favorita de los editorialistas de El Mercurio.
La pregunta número 11 y la parte número cinco de la pregunta 13 (esta tiene varias partes), resultan ilustrativas e interesantes por varias razones. En ellas hay que detenerse; no puede ni debe pasarse simplemente por alto. El lector familiarizado con el desarrollo de los acontecimientos entre los años 1970-1973 o que hoy sea ya de edad avanzada y que fue protagonista en aquella época, debe ya haber advertido el hecho de que aquellas preguntas, hechas en 1965 o meses antes a los oficiales del Ejército, no eran preguntas inocentes. Para los pingüinos de hoy en día, las preguntas pueden carecer de importancia y no entrañar un significado particular. El asunto es que sí tuvieron importancia y fundamental, vital, cuando los golpistas de los años 1970 a 1973 diseñaron su estrategia y el lector atento ya algo habrá podido deducir escudriñando las páginas anteriores. El asunto es que el tema referido a violación de la Constitución fue un tema central en la estrategia que articuló al ramillete opositor en aquellos años.
Con la intención de aprovechar aportes que ya se han hecho sobre éstos tópicos, no está fuera de lugar en este punto de la exposición indagar en artículos muy apropiados y consistentemente lúcidos, escritos en 1971 por el ya citado periodista chileno don Robinson Rojas y que aparecieron en la revista Causa Marxista Leninista, No 21. Julio-Agosto de 1971, bajo el título “La fuerzas armadas chilenas”. El tercero de esos artículos, tiene que ver con el tema y lleva por título “El informe de los yanquis sobre las Fuerzas Armadas chilenas”. Explica el mismo Rojas el contenido de su artículo:

“… Vamos a resumirles un trabajo que sobre las FF.AA. Chilenas hizo un sociólogo yanqui, Roy Allen Hansen, de la Universidad de California, de la Rand Corporation y financiado por la Fundación Ford, tres organismos cuyas conexiones con la Central Intelligence Agency, CIA, de los Estados Unidos, son públicas y notorias. El Propio Hansen señala en su estudio que: “los datos fueron recogidos durante una serie de tres viajes (totalizando quince semanas) a Chile entre 1964-65. Se entrevistaron doscientos civiles chilenos, hubo entrevistas intensivas con 38 generales y se distribuyó un cuestionario a oficiales activos de la Academia de Guerra y la Escuela Politécnica”. Agrega que sus viajes fueron entre diciembre de 1964 y Junio de 1965, y que tuvo acceso a documentación de la Biblioteca del Estado Mayor del Ejército de Chile. El estudio se llama “

Military Culture and Organizational Decline: Un Estudio del Ejército de Chile”, de Roy Allen Hansen, 1967, Universidad de California, Los Angeles. Hay copias en microfilm en la universidad yanqui”. “El estudio está dentro del contexto de los propósitos del famoso Proyecto Camelot, que se resumían en la frase “que haga posible predecir e influir políticamente aspectos significativos del cambio social en los países en desarrollo del orbe”.
Es decir que gracias a la pluma y a las propias investigaciones de don Robinson se puede disponer de información valiosa. Valiosa ya que se tendrá acceso, entre otras cosas, a los resultados que tuvieron las encuestas que se le habían hecho a los oficiales chilenos y cuyas preguntas se han reproducidos anteriormente. Antes de ir a las cifras, tiene importancia establecer la valoración que el mismo Rojas hace en su artículo sobre el contenido del estudio. Esto último resulta necesario y conveniente como una forma de hacerle un reconocimiento que en justicia se merece don Robinson hacia las preocupaciones que en el invierno del año 1971 ya tenía y que lamentablemente en verdad, pocos, o casi nadie compartió en aquellos momentos. La valoración que él mismo hace se expresa de la siguiente forma en su artículo;
“El trabajo de Hansen, en todo caso, tenía un propósito político bien claro: proporcionar un instrumento de juicio para el manejo de las misiones militares yanquis que operan en Chile”.

“En su estudio Hansen investiga cuál es la opinión de los civiles sobre los militares, y establece como tesis principal, en ese aspecto, que los civiles, sobre todo los de estratos ocupaciones más bajos, favorecen la intervención del ejército en el gobierno frente a una crisis política o económica. Plantea que los civiles participan del mismo desprecio hacia los políticos y partidos políticos que los mandos de las fuerzas armadas. Establece que el ejército chileno está en declinación por falta de atención por parte de los políticos civiles. En suma, explica que los militares no tendrían mayores problemas si se hicieran cargo del poder (golpe de estado) ya que contarían con respaldo mayoritario de los civiles”.
Más adelante, en otro párrafo, don Robinson escribe; (los remarcados no están en el texto original del artículo de Rojas),
“… Basándose en todos los datos recogidos en la Academia de Guerra y la Escuela Politécnica, el sociólogo yanqui, dice: “El grado de hostilidad dentro del cuerpo de oficiales hacia la autoridad civil es de crucial importancia para el mantenimiento de la democracia en Chile, a causa de la fragilidad de las instituciones democráticas en ese país. La cultura militar chilena todavía visualiza a los militares como guardianes constitucionales, en un papel legítimo y necesario. Los oficiales por su parte, en una abrumadora mayoría, también visualizan su propia función en este mismo sentido viéndola como una obligación incumbente a su papel profesional”. “General de División: “Precisamente, nosotros estamos para ese papel de guardianes de la constitución”. “General de Brigada: “Es una de las obligaciones del Ejército y tiene que cumplir con ella”. (…) “El papel militar como guardianes de la constitución significa que los militares podrían definir su papel como el de una institución semi-autónoma capaz de actuar como freno del gobierno civil o, bajo ciertas circunstancias, actuar como una alternativa de ese régimen civil. La amplia aceptación pública de este papel es un indicativo de la fragilidad de las instituciones democráticas de Chile”. “Nuestros datos estadísticos mostraron que no había relación entre los puntos de vista políticos de los oficiales y su evaluación del papel militar de guardianes de la constitución. Dos tercios de los oficiales que se identificaron a sí mismos como izquierdistas, algo izquierdistas y derechistas en sus sentimientos políticos aceptaron como “absolutamente correctas” la afirmación en la encuesta que decía: “Los militares son necesarios en el país aún en el caso de no haber guerra, a fin de actuar como guardianes de la constitución en el caso de que el gobierno trate de violarla”.
En otra sección de su artículo Rojas se permite una reflexión un tanto al margen que era absolutamente legítima; debido a que el contenido sobre lo que versa su reflexión ha sido tocado en este ensayo bastante al principio, se reproduce acá, en tanto proyección y coincidencia:
“No podemos dejar de pensar aquí que este estudio se hizo a fines del 1964 y a principios de 1965, y se terminó en 1967, y que en octubre de 1969 se produjo el motín del Tacna, bajo el tema de “evitar el desmoronamiento del Ejército”. Esto, tal vez, plantea que el estudio del yanqui Hansen fue bastante acucioso”.
Para terminar con el artículo de Rojas aparecido en la revista “Causa Marxista Leninista”, se entrega acá “el botón de muestra”. Este botón esta expresado en números. Es el resultado que dieron los estudios del Pentágono sobre cómo pensaban los oficiales de las Fuerzas Armadas. Según se demostró después, los contrarrevolucionarios y golpistas de entonces supieron aprovechar posteriormente los datos y conocimientos que se escondían en las cifras. Hicieron un aprovechamiento de excelente manera, digna de una mejor causa. Parte relatando Rojas; (Los remarcados no están en el texto original de la revista Causa M.L.). …. “… el cuadro 48 del yanqui Hansen, que se refiere a las respuestas dadas a la pregunta:
“Los militares son necesarios para el país, aún en el caso de no haber guerra, a fin de que actúen como guardianes de la Constitución en caso de que un Gobierno trata de violarla”, “¿está de acuerdo o no?”.

Entre los oficiales de la Academia de Guerra, las respuestas fueron: De acuerdo, 86 % En desacuerdo, 15 %”.
La pregunta estaba en el cuestionario que reprodujo el libro Referencias, era la última, es decir la número 13 y estaba en su sub.pregunta número cinco.
Los militares son necesarios para el país a fin de que actúen como guardianes de la Constitución en el caso de que el gobierno tratara de violarla.
(Es indispensable subrayarlo y dejarlo remarcado. Es un asunto remarcable).
Ese rol que los oficiales chilenos se autoasignaban, como guardianes de la Constitución, contaba con alto respaldo y estaba profundamente enraizado en los altos mandos: un verdadero “pozo de oro” que descubrió la derecha chilena y sus mentores norteamericanos. Un pozo de oro producto y resultado de las investigaciones financiadas por el Pentágono. La inversión financiera que habían hecho para pagar las investigaciones, comenzaba a dar réditos en forma de conclusiones políticas que tenían un potencial que sabrían explotar y… sin miramientos de ningún tipo. Las investigaciones y los trabajos ejecutados por los cientistas sociales, financiados por el Pentágono habían dado sus resultados y estaban ya a finales de la década de los sesenta a disposición de los estrategas políticos y militares del ramillete opositor.
Se había descubierto la palanca que les permitiría poner en acción a las Fueras Armadas en contra del pueblo, los trabajadores, la izquierda y el mismo gobierno. Se había descubierto la cuerda que al tocarla generaría y despertaría los sentimientos anti-populares muy arraigados que escondía la casta militar chilena. Habían descubierto la llave que tendrían que usar para llegar a los cuarteles militares y abrir sus puertas, sin necesidad de golpear las puertas de los regimientos. Con ésa llave en sus manos, el trabajo y la estrategia militar del ramillete opositor, se facilitaba enormemente ya que podrían penetrar directamente en lo más íntimo del pensamiento de los oficiales militares chilenos. Y podrían hacerlo sin ruido, por cuanto no necesitaban golpear las puertas de los cuarteles. Bastaba usar adecuadamente los conocimientos que tenían sobre el modo de pensar de los oficiales. Es decir no tenían que gritar queremos golpe de estado. Sólo era suficiente decir: la constitución ha sido violada. Y ése “trámite” para establecer que la constitución ha sido violada, era un asunto político-social. Más exacto, eran los problemas políticos-sociales que tenían que ser resuelto por los partidos políticos para POSIBILITAR LA SOLUCIÓN que propondrá Jarpa.
Cobra así sentido el discurso jarpista de la primavera de 1970. Cobra sentido pleno y se puede develar el real significado de la llamada doctrina Schneider y la estrategia planteada por este en su informe el 15 de octubre de 1970 en la escuela politécnica del Ejército. Y “cuadra” además la estrategia yanqui de que la solución debía ser ejecutada “por instituciones e individuos chilenos”. Pero también, y de paso, cuadra con el rol que en la historia universal siempre les ha correspondido jugar a los militares y sus instituciones. Con las conclusiones del proyecto Camelot, que hábilmente utilizó en su beneficio el grupito de la clase dominante chilena ligado al pentágono, don Carlos Marx en su tumba debe haber dejado caer una sonrisa triste, como diciendo es una pena que algunas cuestiones tratadas en mis estudios en la década de los 60-70 – del XIX ¡! – sean utilizadas por la burguesía y no por sus contrarios, como originalmente fue mi intención. De verdad una pena…lamentable.

IV. Si los investigadores del Camelot habían descubierto a los guardianes y amantes de la Constitución, la derecha chilena se encarga de ofrecer a los violadores.

 

Es indispensable repetir el párrafo subrayado más arriba debido a los alcances que tendría en el futuro: Los militares son necesarios para el país a fin de que actúen como guardianes de la Constitución en el caso de que el gobierno tratara de violarla.
Una formulación breve, simple, fácil de entender y con un contenido profundo, con alcances igualmente profundos. Más allá, incluso, de su aparente falta de “sutileza” para un – aparente – estudio científico, instala una idea, un concepto: un camino mental; la aparente grosería es extenso movimiento que facilita “uniformar” criterios y que alienta a exteriorizar lo que está encarnado y enconado. Tan profundos fueron sus alcances, que afectó y estremeció la vida de muchos, por no decir de todos. Pero no afectó de igual manera a todos. Unos pocos, sacaron provecho, se enriquecieron y lograron recuperar, mantener y aumentar sus privilegios. Las estadísticas actuales de hoy 2007-2008, que ellos mismos confeccionan, así lo establecen. La mayoría de la población fue afectada negativamente, e incluso afectada con una brutalidad que sólo la puede generar y propiciar los que han sido educados para practicar la brutalidad. Ése es el caso de los oficiales militares chilenos, alumnos y graduados en la maldita “Escuela de las Américas”.
Pero, la formulación anterior que había visto la luz del día a principio de la década de los sesenta en la forma de pregunta para que fuera respondida por los oficiales militares chilenos en el marco del proyecto Camelot, al generar la respuesta que se revela anteriormente y tomando en consideración las cifras expresadas en los porcentajes, fue rápidamente y sin demora instrumentalizada y hecha suya por los golpistas en la primavera de 1970, cuando llegó el momento de pensar una estrategia para Pulverizar a ése hijo de punta de Allende… Nixon dixit. Con ésas estadísticas en la mano y una vez estudiadas y habiendo sacado ciertas conclusiones, estimaron que “el asunto debe ser resuelto por instituciones e individuos chilenos…y que se debía ocultar la mano de EE-UU.”. La decisión de pulverizar a Allende estaba tomada y al más alto nivel. Los ejecutores de la pulverización no había sido difícil seleccionarlos. Las instituciones tenían ya nombre y apellido y todas vestían uniformes. Y tal como se ha dicho antes en este ensayo, nadie pensó en las instituciones uniformadas como la de los boy-scout, la Defensa civil o la bandita de guerra del Colegio San Buena Ventura de los padres franciscanos.
Sin embargo, en la primavera de 1970 no todo estaba preparado. No lo estaban ni los pulverizadores ni sus instituciones. Había una serie de problemas a resolver. Había problemas políticos que solucionar, concernientes a la falta de unidad de criterios entre las fuerzas derechistas y defensoras del orden capitalista chileno de entonces. Pero los mentores de la pulverización tenían una carta mágica destinada a ser tirada en la mesa. Esa carta mágica estaba destinada a jugar un rol doble y especial. Serviría como aglutinante y al mismo tiempo de detonante para el inicio de la pulverización misma.
Lo dice la pregunta que respondieron los oficiales: ¡La constitución debía y tenía que ser violada!!! Tan simple como eso. Era ¡la exigencia de los militares!!!
Lo sabían en Washington. Lo sabía Sergio Onofre. La Constitución TENÍA que ser violada. Más aún, él sabía que ésta debía ser violada. Se había determinado de antemano quiénes serían los que perpetrarían el acto mismo de la violación, los violadores. Igualmente se sabía, o se había determinado quienes serían sus defensores. De la Constitución, se entiende. Igualmente se había determinado los que jugarían el rol de sus amantes y aduladores. Es decir, los alcahuetes y protectores que denunciarían la supuesta violación. Y se había determinado los que harían el papel de juez de turno con la misión expresa de declarar solemnemente que se había consumado la violación. Es decir se contaba por anticipado con todo un elenco potencialmente disponible. (Y, en todo ello hay material suficientemente substancioso para otra farsa, que espera ser escrita, por alguien con dedos para el piano).
Sin embargo en la primavera de 1970, es decir en los meses de septiembre-octubre, cuando todos, desde el Alto Mando Militar, la derecha y la embajada norteamericana, reordenaban y repensaban su estrategia, sólo los generales del Alto Mando por boca de su Comandante en Jefe insinuaron algo respecto de la virginidad de la Constitución y la necesidad de que fuera conservada. El Pillín de Sergio Onofre, simplemente en esos días murió pollo y no dijo nada, sabiendo que tenía que andarse con cuidado. Jarpa y su Partido Nacional estimaron que debían mantener silencio respecto a este tema y lo mantuvieron durante un año exactamente. Era un silencio planificado, tal y como se acostumbra en política. El silencio no duró mucho y decidieron que en septiembre de 1971 había llegado la hora de mostrar todas las cartas de la estrategia golpista y tiraron a la mesa de la discusión pública su estrategia militar.
Aprovechando que el país entero celebra en septiembre el aniversario de la independencia y que las Fuerzas Armadas se han reservado el 19 de septiembre para celebrar lo que ellas llaman sus propias glorias, el Partido Nacional emitió para tal ocasión una declaración pública, que la prensa de la época se encargó de publicitar y que posteriormente fue reproducida en el libro de Sergio Onofre Jarpa: “Creo en Chile” Declaración pública del Partido Nacional; “Seguridad Nacional y FF-AA”. Páginas 132-136:
“…Conjuntamente con su responsabilidad de defensa de las fronteras, las aguas territoriales y el espacio aéreo, LAS FF AA DEBEN RESPONDER DE LA SEGURIDAD INTERNA DEL ESTADO. Evitando que este pueda ser destruido desde adentro por fuerzas contrarias a la nacionalidad o por organizaciones internacionales al servicio de intereses foráneos. Para cumplir con eficacia todas estas tareas las FF AA., deben disponer de los medios necesarios y de una adecuada intervención en la administración y desarrollo del país. NO SE TRATA DE HACER INTERVENIR A LOS MILITARES EN LA POLITICA. SINO DE HACER UNA POLÍTICA DENTRO DE LA CUAL SE CONSIDERE LAS NECESIDADES DE LA DEFENSA Y DE LA SEGURIDAD NACIONALES.
(Nota; subrayado en el texto original).
Con ésa declaración pública el Partido Nacional que dirigía Sergio Onofre, la derecha chilena, daba otro paso y pasaba a otra etapa en su estrategia golpista. Muchos amigos y también adversarios de los nacionales de aquellos años, de los momios de entonces, como “cariñosamente” se les había bautizado por su posiciones retrógradas, pensaron que no había nada de malo, ni sospechoso que esos momios se preocuparan de temas tan patrióticos y loables como; “… la defensa de fronteras, las aguas territoriales y el espacio aéreo”. Algo sospechoso era sin embargo que insistieran tanto en aquello de que las FF AA debían responder de la seguridad interna del Estado. Asunto bastante discutible ya que ellos no mencionaban que en todo caso existía un Jefe de Estado y por lo tanto éste es el responsable y a él están subordinados los institutos armados. En el contexto político de aquellos años podría considerarse que tales omisiones en la declaración de PN eran perfectamente tolerables y nada de raro había en ello. Luego, la verborrea aquella de que había que evitar que el estado fuera destruido desde adentro por fuerzas ajenas a la nacionalidad y al servicio de potencias externas, eran todas frases que corresponderían a la cháchara y ritual ideológico en boga y muy habitual de la época. Por lo demás, esos mismos principios los ventilaba el presidente, cada vez que hacía alusión a la intervención de compañías multinacionales para desgastar su gobierno. De esa forma entonces, el lenguaje usado por los nacionales estaba dentro de lo que se esperaba de ellos y aparecían patrióticamente jugando su papel de partido opositor. Nada raro. Que insistieran en que las FFAA debían tener una adecuada intervención en el desarrollo del país era incluso loable y además estaba en la agenda del mismo presidente Allende. La formulación aquella de que “no se trata de hacer intervenir a los militares en política”, ¿quién podría no estar de acuerdo con todo aquello? Cuando los analistas de La Moneda y cercanos a Allende leyeron aquellas frases de la declaración no vieron nada raro ni sospechoso. Se consideraba loable incluso que un partido golpista potencial y solapado como el Partido Nacional insistiera en mantener a los militares lejanos de la política. Más de alguien incluso llegó a pensar que la directiva el partido nacional estaba jugando un rol patriótico y positivo en el Chile de aquel año 1971. La presunción anterior no era antojadiza. Téngase presente que el Partido Nacional y toda la derecha chilena, incluida la jerarquía de la Iglesia Católica apoyó, aplaudió aunque no tan frenéticamente, la nacionalización de las empresas de la minería del Cobre. Un hecho que sorprendió a muchos, despertó sospecha en otro pocos, pero que confirmó una hipótesis de Allende: en el Chile del gobierno que él presidía, había y existía la, “unidad nacional indispensable y mínima como para implementar su plan de gobierno”. Los veteranos de aquella época deben recordar la estrategia política predominante en la izquierda de entonces de las famosas etapas de liberación nacional y de unidad nacional. Pues bien, con el apoyo de los nacionales a las nacionalizaciones en la minería, aquella línea parecía confirmarse y se sacaron conclusiones políticas en tal sentido. A poco andar, todas esas ilusiones se hicieron trizas y de ello se tratará en otra parte. Pero lo esencial de asunto a destacar es que los nacionales con aquel gesto político mostraron su versatibilidad y la flexibilidad que requerían las circunstancias. Para ellos se trataba de hacer una oposición, pero no era cualquier oposición la que se iniciaba. Se trataba de ir de menos a más, de iniciar un proceso opositor e iniciarlo gradualmente. No es que habían decidido actuar frontalmente y desde la partida. Sabían que en la oposición, las potencialidades de crecimientos era un terreno fértil que debían cultivar antes de cosechar. Había que incorporar a toda la democracia cristiana al carro opositor. Había que hacer una política de alianzas inteligente, gradual, progresiva, partiendo de un punto mínimo y llegando a un punto máximo. Puede confirmarse y tener certeza de que los nacionales actuaron cuidadosamente, por decir lo menos: una muestra significativa de que las relaciones entre Allende y círculos de la Unidad Popular con el mismo Sergio Onofre Jarpa eran algo fluidas, está en el relato que hace Augusto Olivares, asesor de Allende, sobre el rol que jugó Jarpa en el reconocimiento del triunfo de Allende la misma noche del 4 de septiembre de 1970.
El Ministerio del Interior no entregaba los resultados finales y en el comando alessandrista existía la certeza de la derrota de Jorge Alessandri Rodríguez. Este último estaba en su departamento, con algunos familiares y junto a un anticuado receptor de radio. El comando alessandrista principal funcionaba en una casa situada junto a los edificios llamados las “Torres de Tajamar”, en los faldeos del denominado barrio alto de Santiago. El lugar era llamado para los efectos políticos internos “La casa de Irene”.
Mientras Salvador Allende se reunía con los dirigentes de los partidos de la UP para preparar una táctica para los acontecimientos que se precipitarían, Alessandri aguardaba una información. De esta última me habló Onofre Jarpa, en esa época presidente del partido de ultraderecha Nacional, en un almuerzo que se hizo en casa de un amigo común a pedido del político alessandrista. Jarpa me dijo que al anochecer el Ministro del Interior de la época, el médico Patricio Rojas, de militancia democratacristiana pero por sobre todas las cosas pronorteamericano y hombre de confianza de Frei, llamó a Alessandri para decirle que “había ganado por un estrecho margen a Allende”. Jarpa agregó que Alessandri lo telefoneó al comando para contarle lo que le había dicho Rojas a lo cual el presidente del PN le repuso que la “información es falsa”, porque el vencedor “es Allende”.
Esta versión de Jarpa la comprobé posteriormente en investigaciones realizadas dentro del freísmo y del alessandrismo.
(Fuente; Artículo titulado “El pensamiento del Comandante en Jefe del Ejército, General René Schneider”. Escrito por Augusto Olivares, quien fuera amigo y estrecho colaborador de Allende; Tomado del libro “EL CASO SCHNEIDER… operación alfa”. Editorial Quimantú. Esta versión del documento ha sido consultada en el portal de Internet que tiene la organización: ChileVive.cl.)
El Jarpismo entonces, en aquellos momentos contaba con cierto crédito y alguna confianza de “espera” y aletargamiento en el palacio de La Moneda con Allende ya instalado en la presidencia, lo que contribuyó a que cuando el jarpismo hiciera su declaración sobre las FF AA., no causara mayor escozor al interior de la izquierda y pasará prácticamente inadvertida,…para la izquierda y para desgracia de los trabajadores. Por lo demás, en una entrevista algo autobiográfica que apareció en Chile después de los 30 años del golpe, Jarpa le confiesa a la periodista Arancibia Clavel, que él mismo tuvo comunicaciones algo fluidas con Allende sobre todo en aquellos críticas semanas primaverales de septiembre octubre del 1970 y en los primeros meses del gobierno de la UP. Relata incluso una proposición hecha por el presidente para que él hiciera ciertas gestiones ante los norteamericanos. Se recomienda el artículo de Olivares citado más arriba, en el que se toca temas que han sido mencionados en este trabajo. Habida cuenta del tiempo transcurrido y del desarrollo de los hechos y la información que por distintas fuentes ha salido a la luz estos años, resulta hoy hasta divertido, si no irónico, hacer los inevitables contrapuntos.
Por ahora, se trata de dejar establecido que la declaración de los nacionales aquel septiembre de 1971, pasó piola, y los analistas políticos en la izquierda ni siquiera le dieron bola, pasando por alto todo aquello que los nacionales expresaron, al estilo de los nacionales dirigidos por Sergio Onofre;
NO SE TRATA DE HACER INTERVENIR A LOS MILITARES EN LA POLITICA. SINO DE HACER UNA POLÍTICA DENTRO DE LA CUAL SE CONSIDERE LAS NECESIDADES DE LA DEFENSA Y DE LA SEGURIDAD NACIONALES.
Es decir, para los nacionales, se trataba de hacer una política en la cual se considere las necesidades de la defensa y la seguridad nacional. En otras palabras, se trataba de hacer una política que considerara las necesidades de los militares. No había que meter a los militares en la política. Sólo bastaba con hacer una política que considere las necesidades militares.
Y, ¿cuáles eran las necesidades de los militares?
Lo habían dicho los mismos nacionales en su declaración: “la seguridad interna del Estado”. Y aquí estaba “la madre del cordero”. Todo lo que atentara contra la seguridad del Estado era y debía ser del interés de los militares. Era lo mismo que había dicho Schneider. Era la teoría de la Seguridad Nacional. Esta teoría no nació después del 73; por lo menos hay que decirlo: ha gravitado desde 1810 en adelante. Un asunto bastante antiguo y con tradiciones bastante sangrientas; la sangre de los obreros ha corrido abundante durante décadas. Ni más ni menos la defensa de la libertad y de la nacionalidad que había en el informe de Jarpa a los Nacionales en septiembre-octubre del año 1970, cuya defensa había que organizar, ya que sería puesta en peligro por el proceso revolucionario en marcha. Defensa que tomó forma en el movimiento de “la resistencia civil”, organizado y coordinado por toda la derecha y que incluía desde movimiento sociales de los gremios organizados en el Comando Multigremial, las organizaciones femeninas, juveniles de estudiantes y movimientos directamente paramilitares como Patria y Libertad y el comando Rolando Matus.

El 22 de Agosto de 1973, la Cámara de Diputados aprobó el documento en donde se declaraba que el Gobierno:
“…no ha incurrido en violaciones aisladas de la Constitución y de la Ley sino que ha hecho de ellas un sistema permanente de conducta, llegando a los extremos de desconocer y atropellar sistemáticamente las atribuciones de los demás poderes del Estado, de violar habitualmente las garantías que la constitución asegura a todos los habitantes de la república y de permitir y amparar la creación de poderes paralelos ilegítimos, que constituyen un gravísimo peligro para la nación, con todo lo cual ha destruido elementos esenciales de la institucionalidad y del estado de derecho”.
Un misil político-militar destinado a conmover los espíritus y la conciencia de la alta oficialidad. Era el acuerdo que querían los militares; mejor dicho, que necesitaban. El acuerdo estaba en perfecta línea y coherencia con lo que eran las necesidades de los militares. Era como quien dice trigo para los pollos. No era este el caso en que los altos mandos escuchando las noticias de la radio y sabiendo del acuerdo, recién ahí se dieran cuenta de la señal y los guiños que les estaban haciendo. Nada de eso. Había fuerzas al interior de las FF AA., que venían preparando el terreno ya desde antes para que el acuerdo mencionado tuviera un aterrizaje conveniente, receptivo, grato y por sobre todo deseado, del nada “inocente”. Se han entregado ya los antecedentes que dicen relación con el trabajito que venía haciendo en la alta oficialidad el grupo que en este texto hemos denominado como el mando paralelo y que tenía la misión especial de soplarle al oído a los oficiales de si el gobierno viola la constitución,…en ése mismo momento dejaba de ser legítimo y son los militares y no los civiles los que tienen la fuerza para colocar a la autoridad en vereda. Por lo demás desde hacía ya rato que en la opinión pública de derechas y los dirigentes golpistas en general venían comentando el tema de que el gobierno era cada vez más ilegítimo, no de origen pero sí de ejercicio. Esto lo sabían los altos mandos de todas las ramas de lo que se llama pomposamente las instituciones de la Defensa Nacional. El citado acuerdo fue aprobado con los votos del Partido Nacional, demócratas-cristianos y otros grupos menores de derecha. Los parlamentarios de la izquierda protestaron y levantaron su voz. Un gesto inútil y estéril. Las cartas estaban lanzadas sobre la mesa. Con ese gesto político la derecha estaba ya tirando toda la carne a la parrilla.
En el Chile del 22 de Agosto, cuando la Cámara de Diputados toma su famoso acuerdo declarando que el Gobierno había violado la Constitución, los partidos de la oposición, su base empresarial, sus movimientos paramilitares – como Patria y Libertad – los organismos de los otros poderes del Estado, vale decir la Corte Suprema de Justicia, estaban todos transmitiendo en una sola dirección y hablando un mismo lenguaje, en el mismo tono y gritando una sola consigna:
¡GOLPE DE ESTADO = LA CONSTITUCIÓN FUE VIOLADA = QUE VENGA LA POLICIA-MILITARIZADA!!
De paso, y esto es muy serio: brillante maestría política para configurar su bloque social. Para darle a los acontecimientos una dirección deseada y determinada, para jugar una función de dirección única. Lo anterior cobra mayor importancia si se piensa que la derecha tenía varias cabezas y otras tantos centros de dirección, pero el acuerdo revela la capacidad que hubo para, por sobre aquella variedad, lograr una dirección común En este caso de dirección contrarrevolucionaria, clasista y momia; dirección que defendía los intereses generales. Para apreciar debidamente aquella maestría, además, hay que tener presente que en la primavera de septiembre-octubre de 1970 el mencionado bloque, que en agosto del 73 aprueba el acuerdo en la Cámara, no lucía entonces la uniformidad de criterios que pacientemente fue generando. Se demoró mil días. En ése periodo, había sucedido mucho al interior del bloque reaccionario. Habían convertido el desaliento inicial, la dispersión orgánica e ideológica, la ausencia o el fracaso de los liderazgos anteriores en un movimiento político con un aliento y odio de clase muy agresivo, vociferante y desafiante. No había desaliento; hubo fe y optimismo reaccionario. Habían logrado identificar primero y centrar todos los fuegos y sus fuerzas orgánicas de variado tipo en contra de un gobierno que ya no estaba administrando los negocios de la clase dominante, como había sido la tradición. Ya a principios del 72, Sergio Onofre se ufanaba en su particular estilo directo y socarrón de los éxitos brillantes que estaba cosechando y al mismo tiempo reafirmaba la esencia del horizonte que su línea proveía, con ocasión de un discurso que hizo ante las juventudes de su partido.
…y quiero que en esta materia seamos absolutamente claros y concisos, no pretendemos, óiganlo bien, no pretendemos que las FF AA., se salgan por ningún motivo de las atribuciones y de las obligaciones que esta determinadas por la constitución y las leyes. La tarea de resolver los problemas políticos, la tarea de derrotar al marxismo, en un plebiscito o en elecciones libres, la tarea de resolver los problemas políticos y organizar un movimiento renovador y nacionalista, esa tarea la asumimos nosotros con absoluta confianza y en sus resultados. Pero si sostenemos que ésa otra tarea de desarmar a los grupos terroristas, ésa tarea no le corresponde a los partidos políticos, sino que le corresponde al gobierno y a las FF AA., y esperamos que esa tarea la cumplan.
…quiero hacer resaltar el hecho de que hace pocos días, por primera vez desde el 64, fue posible alcanzar un acuerdo para realizar algunas acciones juntos, todos los partidos democráticos, e invitar a todos los chilenos libres, sin distinción de banderías políticas, me refiero a la concentración que vamos a realizar el 12 de abril próximo, … Hace un año y medio estuvimos solos enfrentando al marxismo, y por nuestra firmeza, por nuestra decisión, por la actitud que asumió todo el partido….ha sido posible reconstruir posiciones y organizar la defensa de la libertad y de la nacionalidad.
…en última instancia, este país no va a poder tener una solución de conjunto si no ES EN UNA SOLUCION POLITICA, que tiene que darla el P.N.
(Fuente; “Misión de las juventudes”. Abril de 1972. Libro “Creo en Chile”, Páginas 234-244 y siguientes, los párrafos que siguen están en las páginas 235-237 y 241. Los remarcados, mayúsculas y subrayados no están el texto del libro)
Sería erróneo considerar que el monolitismo ideológico-político y social que lucía la derecha chilena al momento del 22 de agosto cuando se produce el tenebroso acuerdo parlamentario – y que como ya se ha dicho, reflejaba una situación muy distinta a la diversidad de criterios y de organización y de frustración sicológica-política que había en la primavera del 70, fuera mérito exclusivo del Partido Nacional en general, y de Sergio Onofre en particular. Evidentemente había más fuerzas en el escenario chileno de aquellos días. Y sobre todo hay que tener en cuenta que también debutó la mano invisible del gobierno norteamericano, jugando una actuación y protagonismo nada de despreciables, ya que incidió de distintas formas y maneras transversales en cada uno de los partidos de la oposición, empujando el carro que Jarpa estima que él dirigía desde su asiento instalado en la cabina de mando de la locomotora: contaban los dólares de combustible y sus distintos canales personales y sociales de distribución. A mayor abundamiento, los efectos muy negativos para el pueblo pero positivos para los planes de la oposición, del boicot externo que se había decretados desde la Casa Blanca, cuando se prometió que “a Chile no llegaría una tuerca, ni un tornillo y con ello se haría chillar a la economía chilena de dolor”. Debe admitirse, con todo, que Sergio Onofre había iniciado el juego bastante sólo por el costado derecho. Pero fue incorporando paciente y progresivamente a otros jugadores a la cancha. Otras estrellas y muy poderosas y con muchos recursos, entraron en acción. Su gracia estuvo en que jugó bien su protagonismo de dirección y coordinación, de aglutinador y suscitador. Fijó rumbos, asignó roles y tareas, creó y abrió espacios políticos y sociales, definió los límites y sobre todo, determinó y caracterizó hasta donde llegaría la interpretación de los agentes políticos y cuándo era necesario que entraran en la escena los pesos pesados. Se movió e hizo moverse en la cancha, por el centro, por el medio campo e incluso por el extremo derecho, a otros actores, demostrando todas sus cualidades, haciendo muy bien su trabajo. Esos fueron sus méritos, ni más allá ni más acá, ni nada menos.
El acuerdo del 22 de agosto también expresa otro detalle, no descartable en el arte de la manipulación política. Habían echado mano al uso de uno de los recursos que han usado desde muy antiguo para mantener la dominación de clases. Así, la derecha chilena, la derecha transversal, que tiene domicilio en distintos partidos y organizaciones de variado tipo, recurrió, usó y practicó la política como arte. Desempolvó y redescubrió a Maquiavello. Lo complementó con los principios dejados por otro italiano y bastante reaccionario, de apellido Pareto. Y para completar, afinó su artillería, recurrió a los archivos y la biblioteca del Pentágono que disponía de un banco de conocimientos muy considerables y valiosos con las claves para combatir y contener procesos revolucionarios y por supuesto eliminar a los revolucionarios. Sergio Onofre, no estaba sólo en la lucha que dio en contra de los trabajadores; también sabía de y usó los archivos del Plan Camelot. Ahí se encontraba un capítulo destinado a estudiar lo que ellos llamaron la secuencia de los acontecimientos que conducen a una situación revolucionaria. En esas secuencia está necesariamente el surgimiento de lo potenciales peligros, sean estos procesos sociales-político o ideológicos o eventuales líderes que en situaciones revolucionarias son paridos por las circunstancias, según una frase muy célebre atribuida a Engels, cuando sostiene que en épocas revolucionarias la misma época se encarga de parir gigantes… que estén a la altura de las circunstancias. Esto lo sabían los investigadores del Pentágono en cuanto habían estudiado el asunto; inmediatamente se dedicaron a detectar cuales serían en las condiciones chilenas los candidatos a gigantes. Ya antes del 11 de septiembre de 1973 al respecto, no sólo la suerte que corrieron los marinos de tropa es interesante, políticamente hablando. También es interesante que se empiecen a revelar los secretos que rodearon la muerte de un dirigente histórico del MIR muy intrépido, con cualidades naturales de líder y de pensamiento bastante indómito, difícil de amaestrar y controlar como era Luciano. Luego, también sería interesante que se revelen las circunstancias exactas y los secretos que rodearon la muerte de otro dirigente, también histórico, pero del MAPU. Rodrigo era interesante para la CIA, en la medida en que había surgido y tenía un perfil de pensamiento independiente y crítico, que lo hacía propenso a salirse del libreto. Cuestión que compartía con Luciano, junto con presencia y legitimidad de masas. Ambos fueron sacados de la cancha y en contra de sus voluntades. ¿Accidentes? En política los accidentes no son casuales. Se planifican y en la misma planificación hay una parte destinada a la desinformación: de ahí surgen las versiones de los accidentes lamentables. Va siendo hora de destapar estos asuntos y un llamado en tal sentido es lo que se pretende con estos comentarios, para que salgan a la luz pública antecedentes que pueden y deben existir en alguna parte.
Retomando el tema, lo primero fue afirmar y sostener que el Gobierno violó la Constitución, lo que implicaba lo segundo: defender la Constitución. En ése mismo orden. Y éste orden era un asunto de mucha importancia.
Con el acuerdo del 22 de Agosto culminaba la “resistencia civil” exitosamente. Con él se ponía punto final a un laborioso trabajo de ingeniería política, que se fue montando cuidadosamente desde los inicios mismos del gobierno de la Unidad Popular. Dicho acuerdo era la expresión actuante y palpable de un alto grado de homogeneidad política que la derecha chilena había logrado, después de casi 1000 días de gobierno popular.

En los comienzos del gobierno de Allende, la derecha no exhibía la homogeneidad política y de propósitos que exhibió cuando la Cámara de diputados tomó su acuerdo. Al principio cuando Allende asume su gobierno, eran días de dispersión, desorientación y confusión. Pero en Agosto del setenta y tres la cosa había cambiado. Prueba de lo anterior son las siguientes notas que reflejan el pensamiento de ése: “núcleo-central-derechista, estrechamente ligado a los Yanquis”.. Lo que sigue es un verdadero “rosario”. Son declaraciones que distintos personajes de todo el espectro derechista repitieron y machacaron hasta la saciedad en el período anterior al acuerdo de la Cámara de diputados del 22 de agosto de 1973. (Todos los remarcados y/o subrayados no están en los textos originales).
Frei; 13 de Agosto 1973, en declaración a El Mercurio: • “El problema no está en que unos quieran el respeto a la constitución y otros quieran el golpe. El problema es que ningún país del mundo ha podido resistir una destrucción de la economía semejante, sin que su estabilidad se vea amenazada. Por eso si es que se quiere defender la democracia en Chile, hay que afrontar esta situación…”.
14 senadores D-C, declaran el 14 de Agosto y reproducido en Chile Hoy Número 63 del 24 de agosto: • “El Gobierno de la Unidad Popular se mantiene en la ilegalidad y en abierta violación a la constitución política…”
Claudio Orrego, Diario La Prensa, 5 de Octubre de 1972. • “Lo único honorable desde el punto de vista nacional es mantener la certeza lúcida de que las Fuerzas Armadas sabrán actuar de acuerdo a su obligación, en el caso de que la seguridad de los chilenos esté en peligro o que la constitución se vea violada…”
Partido Nacional, declaración en El Mercurio, 14 de Abril de 1973, reproducido en Punto Final, fecha 24 de Abril de 1973 y según Manuel Cabieses: • “antes el desenfreno político del gobierno no caben ya sino decisiones excepcionales y recursos extremos…se estudia y revisa en estos momentos la legitimidad del gobierno que nos rige… el actual gobierno ha incurrido en ilegitimidad de ejercicio…lo que eximiría a los chilenos de la tiranía a la que pretende someternos…”.
Alberto Labbé, coronel retirado, militante del Partido Nacional, declaraciones a Hernán Gonzáles de La Segunda, el 8 de Septiembre de 1972: “La misión básica y fundamental de las FFAA es mantener el imperio de la Constitución que es nuestra base jurídica y republicana. Si ése imperio y ésa vigencia de la constitución son quebrantadas, las FF-AA tienen la obligación de intervenir”.
Pablo Rodríguez Grez, dirigente de Patria y Libertad, libro titulado:”Entre la Democracia y la Tiranía”, editado en Santiago en el primer trimestre de 1971. “Las FF AA han tomado una posición, la doctrina Schneider; sólo actuarán en el caso de que el Gobierno se salga de la legalidad… es lícito por lo tanto intervenir para restituir el imperio de las leyes… Chile esta enfrentado a una definición que no admite dilación y que para tener éxito requiere de dos factores; una férrea oposición política… y un respaldo militar, que sólo pueden darlo las Fuerzas Armadas.
Roberto Thieme, segundo hombre en Patria y Libertad, citado por la revista Chile hoy, Número 39, correspondiente al 9-15 de Marzo de 1973. Estas declaraciones fueron hechas a un corresponsal extranjero el día 22 de febrero de 1973: “…pudiera ser que el Gobierno actual del señor Allende tuviera que transgredir ya definitivamente la constitución y la ley a corto plazo, después de la elección de Marzo probablemente. Por ésa trasgresión, tendrá que haber un Golpe de Estado o una intervención de las FF AA. Nosotros creemos que las Fuerzas Armadas son apolíticas, no son deliberantes… nosotros como le he dicho vemos que no hay una solución política. Nosotros sabemos que la solución no se va a dar por los cauces tradicionales de los partidos políticos, se va a dar por el cauce de las Fuerzas Armadas”.
Benjamín Matte, Presidente de la Sociedad Nacional de Agricultura, SNA, declaraba el 14 de Junio de 1973 en el diario de Patria y Libertad: “… reafirmamos con mayor convicción nuestros planteamientos anteriores en orden a que el país no tiene una salida política tradicional, la única fuerza capaz de poder superar este trance está constituida por el poder militar y moral de las FF AA”.
Orlando Sáenz, presidente de la Sociedad de Fomento Fabril, SOFOFA, el 28 de Marzo de 1973 en discurso a los miembros de ése organismo, reproducido en su libro: “Un país en quiebra”, ediciones Portadas, primer semestre de 1973:
“Hay quienes conjeturan sobre lo que puede ocurrir en Chile cuando el presidente Allende se salga de la constitución y de la Ley. Que ingenuidad; ¿o es que esperan el anuncio en el Diario Oficial o el Cierre de Congreso para convencerse de que estamos perdiendo nuestra democracia?… Nuestra democracia está muriendo y les pido a los chilenos la entereza suficiente para encarar sin tapujos este hecho tremendo,… es hora de decirle a todos que ningún partido, grupo o movimiento, nos rescatará del marxismo, ninguna ley o reforma constitucional nos salvará del abismo y que la libertad es tarea ineludible de todos”.
Partido Demócrata Cristiano, declaración de Mayo del 73, cuando asume la presidencia del partido el sector freista, encabezado por Patricio Aylwin, reproducidas en el libro: “Las Fuerzas Armadas y el Golpe de Estado en Chile”, de Joan Garcés. Ed. Siglo XXI, Pág. XXXVI, prólogo: “… el debate político no puede seguir y quedar reducido a un juego verbal, al cual el oficialismo parece definitivamente sordo, se trata ahora de actuar, de llevar nuestra lucha en forma definitiva a TODOS los ámbitos de la actividad nacional”.
Corte Suprema de Justicia, Oficio al Pdte. de la República el 12 de Junio de 1973: “(el país se encuentra ante)…una perentoria e inminente quiebre de la juridicidad”.
Eduardo Frei, declaraciones al diario italiano “Corriere della Sera”, citado por Manuel Cabieses, revista Punto final Número 181, del 10 de Abril de 1973, artículo titulado; “dos plenos y un golpe”. Ver además El Mercurio de la fecha 31 de Marzo de 1973. “… estamos en el camino al totalitarismo de tipo marxista”.
En el Chile del 22 de Agosto, cuando la Cámara de Diputados toma su famoso acuerdo declarando que el Gobierno había violado la Constitución, en el Chile de esos días, los partidos de la oposición, su base empresarial, sus movimientos paramilitares, como Patria y Libertad, los organismos de los otros poderes del Estado, vale decir la Corte Suprema de Justicia, estaban todos: transmitiendo en una sola dirección y hablando un mismo lenguaje, en el mismo tono y gritando una sola consigna: GOLPE DE ESTADO. La Constitución ha sido violada.
Lo había dicho la derecha desde el principio. No se trataba de meter a los militares en política, simplemente se estaba haciendo la política de los militares. Más precisamente hablando, la derecha había practicado la política que necesitaban los militares. No se trataba de pedirles que dieran el golpe de estado, se trataba de justificar el golpe de estado. Era la política de posibilitar la solución menos mala, que había predicado y machacado Sergio Onofre, desde muy temprano, en voz alta y a plena luz del día y la vista de todos los buenos vecinos. Así pues, la derecha chilena de aquella época, agosto de 1973, había logrado triunfos políticos notables en su objetivo perseguido de que todos, tanto moros como cristianos, estuvieran de acuerdo en un punto que era esencial para sus planes posteriores; mejor dicho el paso posterior, definitivo y letal: el gobierno violó la constitución, está fuera de la ley y carece de legitimidad. No es necesario repetir acá cada uno de los pasos o los momentos culminantes y los hechos más significativos que en mil días la derecha fue protagonizando y que le permitió acumular la fuerza y la energía política necesaria para lograr el acuerdo de la Cámara el 22 de agosto; en la literatura existente se mencionan los hechos, aunque también, hay que entenderlo, se ocultan otros. Entre hitos importantes que no habría que olvidar está al que ya se hizo análisis: la misma declaración de los nacionales en septiembre del 71, cuando establecieron con todas sus letras su política militar. Un año después se produjo y provocó el muy conocido ensayo general en lo que respecta a la puesta en práctica de un movimiento de masas de resistencia civil y paramilitar: desataron el paro de octubre en 1972. Posterior, los preparativos y las negociaciones intrapartidarias para la formación de las listas en vistas a las elecciones parlamentarias de marzo del 73 y la previa formación del paraguas político que agrupo a todos los reaccionarios cuando constituyeron la famosa CODE (Confederación Democrática), una especie de re-edición de lo que había sido la campaña electoral del año 1964, cuando toda la reacción se juntó para derrotar a Allende, y que Sergio Onofre celebra con tanto orgullo en la declaración que se ha reproducido antes. Realizadas las elecciones mencionadas y en vista de que no lograron la mayoría que requerían, vino la evaluación y la preparación para la fase final en una reunión que se realizó en la casa patronal de una chacra de propiedad del que en esos momentos era nada menos que el jefe máximo del empresariado, agrupados en la Cámara de la Producción y el Comercio, de apellido Fontaine. La reunión fue conocida públicamente como el cónclave del pastel de choclo de Chiñigue en las afueras de Santiago. Ahí asistieron todos los componentes del ramillete. Desde el mismo cura Hasbún o un representante suyo, Patria y Libertad, la DC., el PN, los gremios, las señoras, los colegios profesionales y por supuesto los informantes de la embajada norteamericana que asesoraron las discusiones y las conclusiones. Entre estas últimas estaba nuevamente, la de ir promoviendo ya definitivamente el acuerdo de inconstitucionalidad del gobierno.
Puede resultar de particular interés precisar que el ingenio desplegado por el grupito dominante chileno encuentra fundamento – y analogía – con el pensamiento del reaccionario italiano Pareto, expuesto en libro que en Chile ha sido conocido con el título de “Escritos sociológicos” de Wilfredo Pareto25. En dicho libro y en un texto titulado: “Manual de Economía Política” Escrito en 1906, en su Capítulo II. “Introducción a la ciencia social, página 146 de la edición indicada, especula,
“… De una manera más general, podemos observar que establecer una teoría supone en cierta forma hacer pasar una curva por un cierto número de puntos concretos. Una infinidad de curvas puede satisfacer esta condición”.
Teniendo en cuenta la forma en que la derecha desplegó su estrategia y movió los hilos, se puede afirmar que la analogía del profesor citado, inspiró e influyó decisivamente en los golpistas chilenos ya que fue exactamente lo que hizo la clase dominante chilena estrechamente ligada al Pentágono, cuando planificaron su golpe de estado para restablecer el sistema de control y dominación sobre el pueblo. En ninguna parte en toda la documentación revisada se ha encontrado algún rastro de que los reaccionarios chilenos hayan mencionado a Pareto. Una prueba de ese tipo no existe. Sin embargo, los investigadores del antes mencionado proyecto Cámelot, sí habían revisado toda la literatura respecto a la generación y realización de procesos revolucionarios y sus diversos temas vinculados. No siendo lo fundamental establecer un vínculo directo entre los golpistas chilenos y el profesor italiano, tiene importancia la similitud
25 “Pareto Wilfredo “Escritos sociológicos” Editorial Alianza, Madrid 1987. En dicho libro y en un texto titulado: “Manual de Economía Política” Escrito en 1906, metodológica para enfrentar el problema y el modelo de Pareto calza bastante bien con el que desarrollaron los reaccionarios en Chile. Establecieron ciertos principios generales para planificar el golpe: determinaron ciertos puntos principales, ciertos hechos fundamentales que deberían crearse. Establecieron una jerarquía de ellos y decidieron que había que fijar uno como el punto de inflexión, el punto de tope, el máximo, por así decirlo. Ése fue el acuerdo de la cámara de diputados. Establecido ése punto máximo, se dedicaron a delinear una infinidad de curvas y las hicieron pasar por ése punto máximo de inflexión. Y luego, hicieron que la curva reservada a las FF AA. estuviera conectada con el punto de inflexión mencionado. Todo estudiante de los últimos cursos de la enseñanza media y el primer semestre en la universidad en las carreras de ingeniería sabe que en el análisis matemático todo aquello es posible; de hecho los estudiantes se ejercitan y se entretienen precisamente haciendo pasar una infinidad de curvas por un punto pre-determinado. Las curvas pueden ser muy distintas entre sí y puede tener distintas trayectorias, pero todas pueden terminar o pasar por el punto predeterminado con antelación. Para la derecha chilena y para el gobierno norteamericano, la infinidad de curvas era lo mismo que todo el ramillete derechista que debutó e hicieron debutar en el período 70-73 hasta antes del golpe mismo. Ahí estaban todas las curvas existentes ya en septiembre-octubre del 70. También, las que crearon para la ocasión. Entre las primeras estaban desde luego los partidos derechistas existentes a la fecha, cada uno con sus características particulares, sin necesidad de exigirles fusión; cada uno aportaría lo suyo, es decir su propio capital, su base social, ideológica, histórica, lo que fuera. Lo importante es que todos caminaran al punto antes señalado. Ahí estaban también las organizaciones gremiales del empresariado, con larga tradición en la vida económica del país, desde la Sofofa, la Sociedad Nacional de Minería y desde luego la de los bancos y por supuesto la Sociedad Nacional de Agricultura como también los colegios profesionales clásicos, de mucha influencia intelectual y hasta ideológica. Pero había que crear otras organizaciones o simplemente resucitar a las que estaban languideciendo por distintas razones. Había que inventar un movimiento de choque paramilitar, encargado de las tareas sucias; Patria y Libertad, los cabezas de músculos de la burguesía, los todo terreno, los que servirían para un lavado y un fregado, es decir para cualquier cosa: agitar, aterrar, posibilitar, fortalecer. Había que inventar gremios o fortalecer y recuperar los existentes, pero sobre todo había que fortalecer o reinventar los gremios del transporte, ya que, estimando la geografía chilena, guardan un papel fundamental en el movimiento de la economía doméstica e interna. Estas eran curvas de una importancia vital y fundamental que fueron creadas y a las cuales se les predeterminó un trayecto de que deberían culminar pasando por el punto de inflexión del acuerdo de la cámara. Había también que organizar a las señoras. Y dentro de ellas no había que olvidar a una categoría especial de ellas, las señoras de los oficiales de las fuerzas armadas. Aquí había distintas y muy variadas curvas. No solamente variadas en cuanto a que algunas eran más curvilíneas que otras; también variadas por cuanto la definición de la trayectoria de estas curvas para que llegaran al punto culminante requería una delicadeza, poco menos que angelical, habida cuenta de que se estaría pisando un terreno bastante minado. Esta apreciación no intenta ser sexista; al contrario. La vanidad, la arrogancia, tiene muy cabal expresión en el clásico y conocido machismo en las FFAA: públicos, por demás, han sido episodios de maltrato, por ejemplo, de generales a sus mujeres; y sin embargo, no se pretende hacer farándula: esto es política y hay que llegar al hueso de los asuntos, por dramáticos y subliminales que resulten. Y por ello mismo, la “consideración” hacia las mujeres comportaba muchos discursos: el discurso de la mujer “idealizada”, que es idolatrada y adorada y que en ese pedestal asignado, corre peligro ante las oscuras huestes enemigas, que “desean” despojar lo más “propio” e íntimo. Se estimulaba también el discurso de la madre sacrificada, que verá en peligro su rol de mujer, de dueña de casa. La connotación de clase e ideológica, tampoco escapaba a una mirada “atenta”; detrás de todo ese paquete existe un mensaje soterrado: las huestes enemigas también querían violar tanto la virtud cuanto la sensualidad-sexualidad de la mujer chilena, en paralelo (casi) manifiesto con el problema de la vejación de la Constitución de la República. Esta “cosmovisión” articulada habría de aglutinar y resultar en acción práctica, política, en el “desorden” generalizado de aquellos días. Connatural a la gran estrategia, esa actividad daba un sentido “nuevo” a la vida de aquellas mujeres que, de paso, actuarían con grandes dosis de impunidad así como de vocinglería y no poca histeria aportada. Una determinada “femineidad” saldría a las calles a “defenderse”, a “mostrarse” y a llamar a sus hombres… al trabajo, la acción. Era una “cierta” noción de belleza la que también, por así decirlo, estaba en juego, en liza. Como se ve, el sexismo provenía de aquellos que “comprenden” y “aprehenden” a la mujer… como unasu propiedad: reafirmábase así los mismos y exhaustos valores de sumisión y machismo, consagrando las diferencias ilegítimas entre los géneros y dibujando, hacia el futuro, esa mezcla de desenfreno y gazmoñería que fue la dictadura y que, en los días que corren, encuentra fiel réplica en la TV y la farándula. La historia demostró, no obstante y dialécticamente por lo mismo, que los planificadores actuaron con mucha prudencia y cumplieron la tarea de trazar la trayectoria, estableciendo algunas estaciones por donde pasó la curva o las curvas de las señoras, que estas lograron éxitos rotundos. Al respecto baste señalar el rol jugado por las descritas damas, cuando hicieron caer al general Prats Gonzáles. Una obra maestra, en el arte de generar hechos políticos en sintonía y como parte de otros movimientos o curvas que tienen un punto en común al que todas deben llegar en las mejores condiciones posibles. Simplemente las leyes del arte aplicadas a la política, en donde ni el aspecto “belleza” se descuidó, políticamente hablando se entiende.
Volviendo ahora nuevamente al acuerdo de la Cámara de Diputados. Allende acusó el aviso y en un manifiesto que el 24 de agosto envió al país, así lo dijo:
“En el día de anteayer, los diputados de oposición han exhortado formalmente a las Fuerzas Armadas y Carabineros a que adopten una posición deliberante frente al Poder Ejecutivo, a que quebranten su deber de obediencial al Supremo Gobierno, a que se indisciplinen contra la autoridad civil del Estado a la que están subordinados por mandato de la Carta Fundamental, a que asuman una función política según las opiniones inconstitucionales de la mayoría de una de las ramas del Congreso … Pedir a las Fuerzas Armadas y Carabineros que lleven a cabo funciones de gobierno al margen de la autoridad y dirección política del Presidente de la República es promover al golpe de Estado”.
(Nota: Lo subrayado y remarcado, no está en el texto del presidente).
El presidente en el párrafo final en parte interpretó adecuadamente el mensaje que se le estaba enviando a las Fuerzas Armadas. La derecha estaba efectivamente promoviendo el golpe de Estado. Hasta ahí, el presidente tenía razón.

Pero sólo en parte. Simplemente se quedó corto, sus razonamientos fueron insuficientes y no daban cuenta del verdadero sentido que tenían los hechos que se estaban produciendo. Y al no apreciar el verdadero sentido de los acontecimientos, al mal interpretarlos, estaba al mismo tiempo entregándole a sus dirigidos una visión errada de lo que sucedía y estaba en marcha. Peor aún, sembró ilusiones sobre el futuro al dar la sensación de que el control de los acontecimientos en el futuro inmediato se hacía solamente denunciando un supuesto llamado a golpe. Cuando en verdad las circunstancias exigían otro tipo de medidas que fueran más acordes con el peligro. Efectivamente, la derecha chilena y el gobierno norteamericano habían estado promoviendo el golpe de estado. Pero la situación estaba cambiando y cada vez los cambios se producían más aceleradamente. Y ahora, con el acuerdo de la Cámara de diputados habían pasado a otra etapa. Ya habían cumplido la etapa de la promoción, de la preparación para crear las condiciones. Ahora la cosa era distinta y con los hechos que se sucedieron paralelamente al acuerdo, el golpe había empezado.
La caída de Prats era el último trámite que los golpistas cumplieron en los mismos momentos en que la Cámara tomaba su acuerdo. El presidente seguía razonando como si el Chile antes del acuerdo de la cámara seguía siendo el mismo Chile después del acuerdo. La derecha siempre estuvo promoviendo el golpe. Pero ésa etapa había terminado. El presidente ya no contaba con el respaldo de las Fuerzas Armadas. Ésa era la principal diferencia y una diferencia fundamental, en aquellos críticos momentos.
El asunto hoy día, 35 años después, consiste en averiguar si es que habían suficientes antecedentes, públicos y notorios que hubieran permitido concluir la hipótesis del párrafo anterior, en el sentido de que la lectura que hizo Allende fue errada. Lo trágico de la experiencia chilena está en el hecho de que desde muy temprano, una vez iniciado el gobierno popular la derecha predicó la estrategia militar y política que aplicaría para dar la batalla: el informe de Jarpa a los organismos del Partido Nacional en octubre de 1970. Lo mismo ocurrió un año después con su complemento en la forma de la declaración sobre las Fuerzas Armadas en septiembre del 71. Estuvo siempre a disposición de los dirigentes de la izquierda las declaraciones que en la prensa hicieron durante tres años los dirigentes golpistas. Esas declaraciones se han reproducido en párrafos anteriores, aunque sea fragmentariamente, pero medular. Ahí se expresó todo el ramillete derechista y claramente cuándo se daría el golpe de estado, qué forma tendría y por qué. A mayor abundancia de ese cuadro, se conocieron los reveladores documentos de la ITT publicados tempranamente en el primer trimestre del 72.
O sea, y por decir lo menos, hay razones y más que suficientes para un cuestionamiento muy serio de lo que comúnmente se conoce como la inteligencia de la izquierda en Chile: la llamada inteligencia intelectual de la izquierda demostró claramente su ineficacia, su falta de agudeza, de brillo, su torpeza; la inutilidad de las herramientas intelectuales con que trabajó, la artillería de conceptos que balbuceó y de los cuales muchas veces alardeó de superioridad frente a las herramientas y artillería conceptual que manejó la derecha. Lo menos que puede sostenerse, por ahora ya que las páginas destinadas a la izquierda aún no comienzan, es que al momento de captar, analizar, evaluar, denunciar y combatir lo que había en la mente de los estrategas de la vereda de enfrente, no se produjo ningún resultado serio, útil y certero. Lo dicho tiene importancia ya que había una lucha de clases en la que se estaba combatiendo. No eran análisis que daba lo mismo que se hicieran o no se hicieran. Por lo demás, es sabido desde tiempos inmemoriales que saber los planes y lo que piensa el adversario es un dato elemental, pero siempre esencial.
Ahí está la declaración de Claudio Orrego, conocido delfín de Frei con vínculos estrechos en la Embajada norteamericana, Diario La Prensa, 5 de Octubre de 1972. Ahí estaba la declaración de Alberto Labbé, senador, general retirado, militante del Partido Nacional, declaraciones a Hernán Gonzáles de La Segunda, el 8 de Septiembre de 1972; Ahí estaba la declaración de Pablo Rodríguez Grez, dirigente de Patria y Libertad, libro titulado “Entre la Democracia y la Tiranía”, editado en Santiago en el primer trimestre de 1971. Ahí estaba la declaración de Roberto Thieme, segundo hombre en Patria y Libertad, citado por la revista Chile hoy, N* 39, correspondiente al 9-15 de Marzo de 1973. Estas declaraciones fueron hechas a un corresponsal extranjero el día 22 de febrero de 1973; Ahí estaba la declaración de Benjamín Matte, Presidente de la Sociedad Nacional de Agricultura, SNA, el 14 de Junio de 1973 en el diario de Patria y Libertad; Ahí estaba la declaración de Orlando Sáenz, presidente de la Sociedad de Fomento Fabril, SOFOFA, el 28 de Marzo de 1973, en discurso a los miembros de ése organismo, reproducido en su libro: “Un país en quiebra”, ediciones portadas, primer semestre de 1973; Ahí estaba la declaración del Partido Demócrata Cristiano, declaración de Mayo del 73, cuando asume la presidencia del partido el sector freista, encabezado por Patricio Aylwin, reproducidas en el libro: “Las Fuerzas Armadas y el Golpe de Estado en Chile”, de Joan Garcés. Ed. Siglo XXI, Pág. XXXVI, prólogo; Ahí la Corte Suprema de Justicia, en Oficio al Pdte. De la República el 12 de Junio de 1973.
En fin, ahí estaban todos esos testimonios públicos nada de secretos, que fueron leídos por todos. Se podría incluso confeccionar un rosario bastante largo de los diferentes signos y señales que existieron durante los 1000 días del gobierno de la Unidad Popular, en donde la derecha chilena configuraba su estrategia golpista. Sin embargo se pasaron todos esos signos y señales por alto. Como se pasó por alto el verdadero significado y síntoma de la llamada doctrina Schneider. Las declaraciones reproducidas corresponden a un variado espectro de todo el ballet derechista. Ahí hay demócratas cristianos, nacionales, generales retirados, dirigentes empresariales importantes y con larga trayectoria; no fueron dirigentes empresariales de gremios marginales y sin relevancia los que se pronunciaban en los términos relatados. Figuraban además los principales dirigentes de Patria y Libertad. La homogeneidad de pensamiento existente en todo el ramillete derechista-golpista era notoria y fundamental y equivalía, como proceso en curso y en definitiva, a homogeneidad de acciones.
Así, el significado del acuerdo de la Cámara de Diputados unía a toda la derecha debido a que habían llegado a la “conclusión” de que los violadores de la constitución estaban en el gobierno y con domicilio en la izquierda. Los jarpistas podían darse por satisfechos. En la embajada norteamericana se aprontaban para la pulverización preparando las listas de los dirigentes que serían eliminados. Había llegado la hora para que entraran en acción los amantes de la constitución, poniendo en práctica la única solución y la definitiva.
Sin embargo, en la mente de los dirigentes de la izquierda en general, al igual con lo que sucedía en la mente del presidente, no se había comprendido el estado real de la situación existente. Ello no significaba, sin embargo, que en la izquierda todos pensaran que todo estaba tranquilo, y que todos confiaran en que la situación estaba controlada. En agosto, cuando la Cámara de diputados pasó la lucha a otro nivel, en la izquierda había mucha actividad, mucha agitación, mucho ruido y no faltaban las amenazas que se lanzaban con la intención de atemorizar a la derecha. Se llegó incluso a decir que si la derecha actuaba sediciosamente Chile ardería por los cuatro costados. También se había dicho que la derecha una vez que conociera el verdadero contenido existente en los planes de una contraofensiva popular y revolucionaria que se había anunciado en el teatro Caupolicán en Santiago, pondría el grito en el cielo.
Fue una cantora popular, que primero tuvo una connotación muy provinciana y luego, con el correr de los años su connotación fue planetaria, la que cantando a la chillaneja como a ella le gustaba caracterizarse, en el estribillo de una de sus inmortales canciones, subversivamente decía:
“Señor,… que vamos hacer con tantos y tantos predicadores, unos se valen de libros y otros de buenas razones…”
Pensando en aquél estribillo y como una forma también de recordar la existencia de Violeta es que se dejará la trinchera derecha que se ha venido recorriendo hasta ahora y se pasará al costado izquierdo. Con tantos y tantos predicadores….valiéndose de libros y de tantas buenas razones.
(¡Violeta!;.. tan simple y tan profunda, gracias).